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El derecho y los caníbales

El juez López Arango analizó la trascendencia social del juicio, defendió el respeto del debido proceso y confesó que este caso representó “un desafío” en su carrera judicial
por Alfredo Hoffman para Diario UNO

 

“En lo personal fue un desafío, en todo sentido: físico, psíquico. Y después un compromiso, porque uno vive acá, la gente por la calle te para, gente que te conoce, que no te conoce. Algunos te elogian, otros te critican, uno está expuesto en ese sentido. Sin ninguna duda fue un desafío personal, profesionalmente incluso”. Roberto López Arango, paranaense, presidente del Tribunal Oral Federal, cree que la premisa de que los jueces hablan sólo a través de sus sentencias pertenece a otra época. En ese marco le contó a UNO sus impresiones sobre el primer juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolló en Entre Ríos; destacó la atención social que hubo en estos últimos dos meses y defendió el respeto a rajatabla por el debido proceso, aunque eso implique permitir decir lo que piensan a quienes hacen su particular “lectura de la historia”, como se refirió a los discursos que muchas veces fueron justificaciones del terrorismo de Estado.

Al finalizar el debate, los propios represores reconocieron la “imparcialidad” de López Arango, su estilo de dejarlos hablar. Ese estilo, según dijo, además de ser un mandato constitucional, tiene que ver con su oficio: “Ustedes, los periodistas, a medida que ejercen la profesión empiezan a manejarse teniendo oficio respecto de su trabajo. Y lo nuestro no es distinto: yo tengo una carrera judicial muy prolongada en el tiempo; me recibí muy joven, a los 23 años, y a los 24 ya era funcionario de la Justicia”.

“El juez no tiene que actuar con prejuicios. Obviamente, algún prejuicio siempre uno tiene, pero el oficio del juez hace que uno aprenda a manejarlos. Cuando uno aprende a manejarlos empieza a ser un poco mejor juez. Porque prejuicios tenemos todos, incluso todos tenemos una formación política, tenemos un origen social y cultural que en algún momento aparece en nuestra actividad. Justamente, manejar eso, hace al rol del juez. Entonces, en estos juicios, la idea es que todas las partes se puedan expresar. Los acusados hacen sus defensas, sus planteos, hacen una lectura de la historia, y tienen derecho a hacerlo si queremos que el juicio sea un verdadero juicio. Traté de darles la libertad en la medida que lo hicieran con respeto, no manejándose groseramente ni con expresiones fuera de lugar, pero que pudieran decir lo que sentían, ejercer su verdadero derecho de defensa. Los americanos, que son un poco los ideólogos conceptuales del debido proceso legal, tienen una expresión que para mí es muy gráfica que es ‘Your day in court’: tu día en la corte. Es decir, el día que un juez o varios jueces te van a prestar atención para que vos te defiendas, es tu día, y eso hay que respetarlo”.


—En algún punto resultaba paradójico que reclamaran debido proceso quienes en su momento no lo tuvieron en cuenta. ¿A usted le surgió esa paradoja?

—Puede ser, pero siempre tengo una idea central: alguien dijo que en la lucha contra el caníbal lo que no se puede hacer es comerse al caníbal, porque si no no sirve. Si nosotros vamos a hacer un juicio donde de antemano ya vamos a saber el resultado y no les vamos a dar la oportunidad, entonces para qué hacemos el juicio; es una parodia.

 

Afrontar el paso del tiempo

—El hecho de que hayan pasado más de 30 años desde que se cometieron los hechos, ¿perjudicó de alguna manera la posibilidad de reconstruir lo que pasó, de llegar a la verdad, o se pudo afrontar ese desafío con éxito?

—Creo que se ha afrontado con bastante éxito el desafío. Digamos que también, de alguna manera, eso condicionó a que los jueces nos pusiéramos en la situación de entender que estas causas prácticamente se desarrollan a través de los testimonios. Y ustedes saben, hay quienes han desaparecido por testimoniar, así que no es fácil que una persona testimonie, que dé nombres, que reconozca a sus represores, si bien la militancia, sobre todo las agrupaciones de Derechos Humanos, se ha preocupado por investigar, por hurgar, por conseguir nombres, incluso por proteger a los testigos. Esto de alguna manera facilitó la posibilidad de que se hiciera el juicio. Se buscan los testigos, se los lleva, se los trae, se los protege. Después tenemos el problema del paso del tiempo, no obstante lo cual, quien de alguna manera ha sufrido y ha sido víctima de esto, no se olvida, lo tiene muy patente en su memoria.

—¿Puede hacer una valoración de los aportes de las enfermeras?

—El aporte de esos testimonios ha sido interesante. Son trabajadoras de la salud que han tratado de recordar lo que habían vivido, la experiencia.

—Se ha cuestionado a los médicos.

—Se los ha cuestionado. Las partes pudieron interrogarlos profundamente, hubo careos incluso. Evidentemente las enfermeras recordaban cuestiones que los médicos no recordaban. Habría que valorar también cómo es el rol de cada uno, el tiempo que una enfermera pasa con los pacientes, los médicos los ven de una manera más fugaz. Además las enfermeras eran mujeres y se trataba de bebés, puede haber ahí un sentimiento maternal que hace que recuerden con más frescura los hechos.


Lesa humanidad

López Arango dijo que la sociedad paranaense siguió el juicio con interés y se escucharon diferentes opiniones: “Hay algunos que hasta no están de acuerdo con que se realicen este tipo de juicios. No podemos negar que el proceso militar tuvo un componente civil de apoyo que seguramente no va a estar de acuerdo. Uno lo escucha, todavía hay voceros, hay gente que lo dice, más abiertos o no. Pero me parece que la sociedad ha comprendido la necesidad de estos juicios.

—Hay un sector que dice que también se deberían hacer juicios por las víctimas de lo que se denominó la subversión. ¿Usted qué opina al respecto?

—Hay fallos de la Corte en ese sentido. Los delitos de lesa humanidad para ser considerados tales requieren de determinados requisitos, como que la agresión provenga del aparato estatal, o por lo menos paraestatal, al margen de la ley, con una estructura organiza de poder. La Corte ha dicho que los otros hechos, por más aberrantes que sean, están sujetos a las normas comunes de prescripción. Esos son los parámetros que se han establecido en la causa Priebke, en la causa Arancibia Clavel.
Juicio en el Comando

Para el juicio de lesa humanidad que se hará el año que viene, que tendrá como principal acusado a Albano Harguindeguy, la idea del tribunal es utilizar el edificio donde funcionaba hasta hace poco el Comando de Brigada, en 25 de Mayo 233, que fue adquirido por el Estado nacional. Allí hay un espacio donde se puede instalar una sala de audiencias más amplia que la que se utilizó en la causa Hospital Militar, de la Cámara Federal de Apelaciones. “Si no llegamos para ese juicio, tendremos que buscar un lugar más cómodo, porque habrá más imputados y más víctimas”, dijo López Arango.

Si se utiliza el Comando de Brigada tendrá un simbolismo especial, ya que allí se realizaban los Consejos de Guerra, parodias de juicios a los detenidos ilegales, aunque para el magistrado simplemente se busca “tener un lugar adecuado”.

 

Economía procesal

López Arango es de la idea de que los juicios de lesa humanidad se instrumenten de un modo diferente, por “economía procesal” y otras razones: “Yo creo que acá, y esta es una opinión personal, debió instrumentarse una mayor concentración de los juicios. Se debió buscar una forma de concentrarlos por regiones o por número de causas, y acumularlas. Acá se están multiplicando las causas contra los mismos imputados”. Eso es lo que se persigue al acumular las tres causas de la costa del río Uruguay que se someterán juntas a juicio el año que viene.

“Fíjese que en estos imputados hay algunos que tienen hasta dos condenas, en juicios separados. Y estos juicios van a seguir. Además surgen nuevos juicios porque entran a aparecer otros hechos. Desde el punto de vista de la eficacia de la Justicia debió intentarse no guiarse por los parámetros de cómo se instrumentan las causas penales habitualmente. Se debió someter a juicio a las personas en una sola oportunidad, no a multiplicidad de juicios que se van reproduciendo. Para el imputado es un tema porque está tironeado por distintos tribunales, sale de una causa para ser juzgado en otra, hasta con una repercusión en su físico, porque no es fácil estar en el banquillo de los acusados”, sostuvo.

“Trabajamos para que estos delitos no queden impunes”

Los fiscales Marina Herbel y José Ignacio Candioti aseguraron que es primordial juzgar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad, para que no se vuelvan a cometer
por Alfredo Hoffman para Diario UNO

Los fiscales José Ignacio Candioti y Marina Herbel analizaron lo sucedido a lo largo del juicio durante una extensa entrevista con UNO. Destacaron la importancia de juzgar los delitos de lesa humanidad para que no se vuelvan a cometer, subrayaron los aportes que hicieron las enfermeras y mencionaron la conducta “negligente” y de “demasiado olvido” de algunos médicos.

El viernes 14, en sus últimas palabras, el imputado Juan Daniel Amelong lanzó una crítica al Ministerio Público Fiscal (MPF) por haber respetado “a pie juntillas” la política de Estado sobre derechos humanos. Ante esas expresiones, que llevaban implícita una acusación de supuesta dependencia del poder político, Candioti respondió: “Lo que se respetó desde el MPF fue la política criminal que establece el procurador general de la Nación de considerar que estos temas, las violaciones a los derechos humanos, son primordiales para el juzgamiento en la Argentina de hoy, desde la óptica de la parte que nosotros representamos. Teniendo en consideración todos los aspectos jurídicos de esta cuestión, deben ser juzgados con el pleno respeto de todas las garantías que da el estado de derecho y deben ser castigados. Eso es lo que quiere la Procuración y así se ha realizado el juicio. Estos delitos no pueden quedar impunes, porque correríamos el riesgo de que se vuelvan a cometer”. La necesidad de acabar con la impunidad surgió en varios pasajes de la conversación.

—¿Coinciden con la consideración pública de que fue un juicio histórico?

—Herbel: En un principio uno no toma dimensión por la vorágine de trabajo, pero a medida que se fue desarrollando el juicio tomé conciencia de que fue un juicio trascendente, de una etapa histórica, en donde se reconstruyeron distintas situaciones que está bien que salgan a la luz, que se tome conciencia para que no se vuelvan a cometer. Desde el mismo Estado se cometieron hechos ilícitos, valiéndose de materiales del Estado; hay personas desaparecidas, se ha desestructurado toda una familia. Realmente fue una etapa muy negativa de nuestra historia y está bueno que la sociedad de Paraná tome conciencia de ello para que nunca más se vuelva a repetir.

—Candioti: Yo creo que es muy importante, primero, que se haya arribado a la etapa de juicio oral y público luego de muchos años de investigación, y finalmente que luego de estos dos largos meses de audiencia pueda un tribunal de la Nación dictar una sentencia resolviendo acerca de las peticiones de las partes. Desde este Ministerio Público Fiscal creemos que han quedado claros los delitos cometidos. Estamos hablando de robo de bebés, de delitos contra el estado civil de las personas, que le impidieron a los padres estar en contacto con sus hijos, criar a sus hijos, y a su vez del derecho vulnerado de esos niños de tener relación con su familia de origen. Entonces creo que lo valioso es, por un lado, dejar el mensaje de que estos delitos no se pueden volver a cometer, y por el otro que sea la Justicia la que resuelva mediante una sentencia este tema. También debemos reconocer que para llegar a esta instancia del juicio oral hubo muchos pasos dados anteriormente por el MPF, por los querellantes, por los organismos de Derechos Humanos, por el Poder Judicial. También creo que se ha cumplido cabalmente con todos los pasos del debido proceso. Y es crucial no perder de vista que estamos hablando de delitos de lesa humanidad. Siempre el Estado necesita de su juzgamiento. Son delitos que vulneran derechos elementales como la vida, como la libertad, como la dignidad. Como dice el doctor (Ricardo) Lorenzetti: no se puede tolerar lo intolerable.

—¿Ahora que el juicio terminó, creen se está más cerca de encontrar al mellizo que falta?

—C: Quiero ser prudente en la respuesta, porque me parece que no hay que generar falsas expectativas, pero creo que dentro de la prudencia, hay elementos como para avizorar que tal vez se pueda llegar a la determinación del paradero de este chico. Una de las cosas que han quedado claras a través de este juicio, y es muy importante, es que a las enfermeras y los médicos del IPP (Instituto Privado de Pediatría) que se le preguntó insistentemente por ese registro (el libro de ingresos y egresos), decían que si estaba la fecha de alta es porque el bebé varón salió vivo. Eso quedó absolutamente en claro. Eso quiere decir, primero, que no nació muerto; segundo, que no falleció inmediatamente luego de nacer, que era otra de las posibilidades. A partir de ahí se abren las hipótesis sobre cuál sería su paradero actual.

—H: Hacemos un llamado a la gente de Paraná que sepa de alguna adopción ilícita o clandestina o sin seguir los caminos legales correspondientes en aquella fecha, marzo de 1978, que aporten datos. Que se comuniquen o con el Juzgado o con la Fiscalía de primera instancia o con la Fiscalía de Derechos Humanos. Puede ser a través de un llamado anónimo.

—¿La pista de que Navone se quedó con el niño es verosímil?

—C: Es una de las pistas sobre las cuales hay algunos elementos que indican que hay una cierta probabilidad de que por ahí vaya la cuestión, pero tampoco hay que descartar otras posibilidades. Desde el MPF está toda la voluntad puesta en considerar prioritario este tema.

—¿Qué evaluación hacen de los testigos?

—C: Los testimonios han sido claros y contundentes, en el sentido de acreditar que los hechos ocurrieron y que ocurrieron de la manera que lo habían planteado las acusaciones y los alegatos. También se acreditó la responsabilidad de cada uno de los seis imputados. Hay que reconocer el valor de los testimonios: en este tipo de juicios, y así dijo la Causa 13, los testigos son un medio de prueba necesario. Lo dice también la doctrina. También hay que reconocer la valentía de esas enfermeras que declararon. Si bien es verdad que el Estado hoy brinda una protección a los testigos, que es digno de destacar, hay que valorar que dijeron la verdad con total coraje.

—H: También quedó reflejado en el debate que las enfermeras estuvieron muy comprometidas en aportar elementos a la causa. Puede ser cierto que una enfermera no tiene tanta actividad como un médico y es más lógico que recuerde, porque eso fue lo que pretendieron justificar los médicos, pero notamos que, sobre todo los médicos del IPP, formaron un concierto, un mismo discurso de no recordar nada y un actuar muy negligente de su parte, porque si en el año 2000 aportaron ese libro que fue muy valioso para esta causa, ninguno de ellos investigó qué había pasado pudiendo hacerlo, ya que eran los dueños. De todas maneras, esa situación negligente que observamos no dio para hacer una imputación de otro tipo.

—Durante el juicio usted se refirió a ese acontecimiento que mencionaron los médicos del IPP de que se había inundado el depósito donde estaban las historias clínicas, en el Sanatorio del Niño de calle Libertad. Usted dijo que vivió ahí. ¿Por qué dijo eso?

—H: Porque yo efectivamente viví ahí y me daba la impresión de que el lugar donde ellos decían que estaban esos registros no era un lugar inundable, era un lugar seco. Supuestamente hicieron modificaciones, era una casa antigua, salvo que haya sido por eso.

—Hubo varios llamados de atención del tribunal a los médicos porque estarían ocultando información, ¿ustedes qué piensan?

—H: No sé si ocultar información, por ahí demasiado olvido. Salvo que surja la hipótesis de una adopción dada desde el IPP; pero no surge de manera clara del debate.

—C: En la investigación que sigue en curso sobre el paradero del varón en el Juzgado federal hay que producir una serie de pruebas que quizá tengan algo que ver con el motivo de su pregunta.

 

Sensaciones

Consultada por cómo vivió el juicio en lo personal, Herbel manifestó: “Con mucha motivación, porque hay mucho dolor detrás y doy gracias a Dios de que se ha desarrollado con normalidad. Agradezco a las víctimas y quienes acompañan a los imputados, porque no ha habido agresiones”. Por su parte, Candioti respondió: “Creo haber puesto un granito de arena para que estos delitos tan aberrantes puedan ser juzgados y atribuidas las responsabilidades correspondientes. Como dije cuando terminó el juicio de Santa Fe (por la causa Brusa) en que también intervine: si bien los fiscales somos las caras, hubo una tarea de mucha otra gente que posibilitó que lleguemos a esta etapa; la Fiscalía de primera instancia y de Cámara, los querellantes y muchos otros”.

Bahl: “Entre Ríos estuvo a la altura de las circunstancias”

El ministro de gobierno, Adán Bahl, habló con LT14 sobre la realización del primer juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en Entre Ríos. Destacó el profesionalismo de todos lo que intervinieron.

En diálogo con el móvil de la radio, Bahl mencionó el acompañamiento del gobierno provincial en todo el proceso y destacó el valor histórico del desarrollo del juicio.

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“La prisión perpetua es la pena con la que deben ser condenados los imputados”

Florencia Amore, abogada querellante de Sabrina Gullino, de Sebastián Alvarez y de HIJOS, en la causa que investiga el robo de bebés, dijo a LT14 que durante el juicio “quedó clara la responsabilidad de los imputados” por lo que se pidió una pena de prisión perpetua. Este viernes a las 17 el tribunal dará a conocer el veredicto.

En comunicación con La raíz del grito, Amore sostuvo que “hace seis años que se está investigando y recolectando pruebas, la cual se reprodujo en el juicio oral y superó ampliamente la convicción que teníamos en la instrucción”.

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Para la querella es “imposible pensar en una absolución”

Florencia Amore, abogada querellante de Sabrina Gullino, de Sebastián Alvarez y de HIJOS, habló con LT14 respecto de la jornada 18º que se desarrolló este viernes en el Juzgado Federal de Paraná por la causa Hospital Militar. Afirmó que con el cúmulo de pruebas que hay respecto de la autoría de los imputados “es imposible pensar en una absolución”.

En declaraciones al móvil de LT14, Amore detalló los pasos que se dieron en la audiencia de este viernes. Destacó que “no se violó ningún principio procesal, se ha desarrollado el debate en el marco del debido proceso, eso fue lo que sostuvimos hoy”. Con respecto al pedido de absolución realizado por las defensar, dijo la abogada que “tras tantos años que se viene investigando esta causa entendemos que el cúmulo de pruebas demuestra la autoría de los imputados y hace imposible pensar en una absolución. Está mas que probado y ha quedado evidenciado en este debate oral”.

 

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En un emotivo acto, la tesis de Raquel Negro fue entregada a sus hijos

Sabrina Gullino y Sebastián Álvarez recibieron este miércoles el trabajo final de la Licenciatura en Trabajo Social, carrera cursada por su madre desaparecida, Raquel Negro. El acto se realizó en la sede de la Facultad de Trabajo Social de UNER.

Este miércoles Sabrina y Sebastián recibieron la tesis de su madre, desaparecida durante la última dictadura militar. La entrega se realizó en el salón Ofelia Zaragozzi, con la presencia de autoridades de la casa de estudios, amigos y ex compañeros de Raquel Negro.

En este marco, Sabrina Gullino comentó a UNO que “fue un día muy arduo, de mucha alegría, donde nos contactamos con mucha gente y fue como un traspaso de emociones de una generación a otra”.

En este sentido expresó que “en una tesina de Trabajo Social un alumno deja plasmada su subjetividad, su ideología, y esto nos sirve para conocer el pensamiento de nuestra madre a los 20 años y sobre todo, ver su coherencia entre la teoría y la práctica”.

La joven dijo además que  “fue una sorpresa muy linda, y poder leerla a ella a través de este trabajo es muy emotivo”.

“Hoy vivimos un día de mucha intensidad, ya que además estuvimos escuchando los alegatos”, señaló en torno al juicio de lesa humanidad que se tramita ante el Tribunal Oral Federal de Paraná, por la causa conocida como Hospital Militar, donde se juzga a seis represores acusados de la sustracción de los mellizos de Raquel Negro nacidos en cautiverio y de la supresión de sus identidades.

Sobre este tema indicó que “estoy totalmente satisfecha con la actuación de nuestros abogados. Los alegatos de la querella fueron impecables, con una precisión absoluta de la reconstrucción a partir de los testimonios y pruebas de lo que fueron todos estos años de investigación, así que con mis abogados no tengo más que un agradecimiento enorme”.

Sabrina pudo recuperar su verdadera identidad hace casi tres años, mientras que la búsqueda de su hermano mellizo varón todavía continúa.

“Mi padre me contó que a la nena se la llevaron Amelong y Pagano”

Entrevista exclusiva con el hijo del militar Paúl Navone

Pablo Navone es hijo del militar que se quitó la vida el día que debía declarar en Paraná por el robo de los mellizos de Raquel Negro. En su estudio contable de la localidad cordobesa de Jesús María recibió a EL DIARIO para una entrevista en la que no eludió respuestas. Dijo que su padre supo del parto en cautiverio, pero negó que se hubiera robado al mellizo varón. “Mi padre no mató a esa señora ni se llevó a ningún hijo”, dijo para afirmar luego que nadie en su familia tiene problemas en someterse a un ADN.

 

Por Juan Cruz Varela y Jorge Riani para EL DIARIO

 

Pablo Navone negó cualquier tipo de responsabilidad de su padre.

Pablo Martín Navone es contador público nacional. Así lo testimonia el diploma de la Universidad Católica Argentina (UCA) que cuelga en la pared de su estudio, situado en una céntrica esquina de la localidad cordobesa de Jesús María.

La prolijidad de la oficina parece ser el correlato lógico del orden marcial que exhibe una ciudad signada por la Escuela de Gendarmería: la institución que aporta el 10% de la población total y garantiza una movilidad económica estable y segura.

Al bajar de su Renault Megane, exactamente a las 15.30, Pablo Navone se revela como un hombre de notable puntualidad. Camina por entre las mesas de la cafetería ubicada frente a su estudio, y como si supiera que los cronistas lo esperaban allí, se dirige sin titubeos ante los enviados de EL DIARIO.

¿Era tan previsible el lugar de espera? ¿Será que en una región de 45 mil personas los rostros extraños resultan evidentes y los periodistas portan cara de periodistas y los contadores cara de contadores y entonces no había lugar a confusiones? Como sea, Pablo Navone acierta y se acerca al lugar correcto. Se presenta con formalidad de contador recibido en la UCA y accede a sentarse para que los enviados puedan tomar los cafés que una bellísima moza formoseña depositó en la mesa.

La instancia da lugar a una charla de ocasión referida al perfil de la ciudad conocida por su fiesta de jineteada y folclore. Unos diez minutos más tarde, la entrevista pautada comenzaba ya sí en el estudio, aunque con una única condición: que fuera una charla sin grabador.

 

GLOSARIO.

El hijo del militar Paúl Navone recibió a los enviados de EL DIARIO en su estudio.

Pablo Navone no duda en hablar de “guerra”, en lugar de terrorismo de Estado. No obstante, admite que hubo “excesos” por parte de las Fuerzas Armadas y considera que “no está mal que esos excesos sean revisados por la Justicia”.

Se lo ve convencido de lo que dice. “Estoy preparado para ser hijo de un militar”, enfatiza en un par de ocasiones. Su padre, Paúl Navone, es sujeto de acusaciones en el marco de la causa denominada Hospital Militar. El represor Eduardo Costanzo, al declarar ante el Tribunal Oral Federal de Paraná, en el juicio a seis militares, aseguró que fue quien se quedó con uno de los hijos mellizos de Raquel Negro.

Sólo ahí Pablo, el hijo del militar, introdujo en su discurso una expresión coloquial: “Eso es una pelotudez”. Niega que su padre haya asesinado a Raquel Negro y aquí la respuesta fue casi similar: “Eso es una pelotudez atómica”.

De ese modo salió a responder también al militante peronista radicado en Barcelona Oscar Natalio Kopaitich, quien había dicho en declaraciones periodísticas que Paúl Navone “fusiló a Raquel Negro y se llevó al mellizo”, y también al militar Pascual Oscar Guerrieri, que había tenido expresiones similares en ocasión de una indagatoria en el juicio donde se lo juzga por el robo de los bebés nacidos en el Hospital Militar.

En la entrevista con EL DIARIO, Pablo Navone no eludió ninguna respuesta y se refirió también al suicidio de su padre. El teniente coronel Paúl Alberto Navone apareció muerto, con un balazo en la sien derecha y una pistola calibre 9 milímetros en la mano, el mismo día que debía declarar en Paraná por la causa que ahora se juzga.

–¿Por qué cree que tomó la decisión de quitarse la vida?

–Yo considero que mi padre era una persona honorable y que no estaba dispuesto al manoseo de ser sometido a una causa judicial. Participó de la guerra contra la subversión y cumplió actos de servicio, y lo hizo convencido de que era lo que tenía que hacer. No se quedó con ningún mellizo ni le pegó un tiro a Raquel Negro. Pero sabía que no habría justicia para él, que lo meterían preso y no saldría nunca más. En la carta que dejó para la familia nos dice: “Les dejo este dolor y esta paz”.

–¿Cuál fue la reacción de su padre ante la citación a declarar?

–Nosotros somos gente de una vida familiar muy intensa y todos estamos al tanto de la vida de todos. Sabíamos de la preocupación que él tenía porque decía que no había tenido una participación trascendental en estos hechos; pero estaba nervioso, incómodo, ante esa situación, así que cuando lo citaron a declarar contratamos al mejor abogado que pudimos (Justiniano Martínez), a pesar de que él no quería.

 

Alterado por la citación

El militar Paúl Navone fue citado a declarar como imputado el lunes 25 de febrero de 2008. Unos meses antes Costanzo había dicho ante la jueza federal Myriam Galizzi que el operativo de traslado de Raquel Negro a la capital entrerriana para dar a luz estuvo a cargo del “mayor Navone, del Hospital Militar de Paraná”.

Esa situación había generado preocupación e intranquilidad en Navone, aún en los meses previos a recibir la requisitoria judicial. Su hijo Pablo nunca antes había hablado del asunto con él. “De este tema no hablaba. Nunca profundizaba sobre lo que había sido su accionar durante la guerra contra la subversión ni qué grado de responsabilidad había tenido porque nos quería mantener al margen”, afirmó en la entrevista con EL DIARIO.

–¿Qué intervención tuvo su padre en el operativo de traslado de Raquel Negro?

–Puede ser que tuviera alguna participación, que la recibiera a esta señora y que trabajara con alguna persona del Hospital Militar de Paraná. Qué rol cumplió, específicamente, no sé, aunque debe haber estado al tanto porque era agente de inteligencia. Pero no mató a esa señora ni se llevó a ningún hijo. En su esquema mental no correspondía hacer nada de eso porque además era una persona de fe.

Sin embargo, Pablo Navone aseguró que su padre le contó que “el chico estaba grave”, aunque no pudo precisar si conocía el dato porque le constara o porque se lo hubieran dicho. “Dijo que el chico estaba grave y falleció”, insistió, dejando en claro, ahora sí, que el agente de inteligencia estaba al tanto de los detalles de la operación. Y enseguida soltó una de las frases más contundentes de la charla: “Me dijo también que (Juan Daniel) Amelong y (Walter) Pagano se llevaron a la nena y la dejaron en un orfanato”. La referencia es coincidente con lo que declarara el propio Costanzo en el juicio.

El entrevistado no omitió referirse a quienes atribuyeron a su padre haber asesinado a Raquel Negro para apropiarse del mellizo. Sobre el militante Kopaitich dijo que “ofende” y “lastima” con sus declaraciones y que sus dichos “son propios de alguien que participó de la guerra desde el otro lado y, entonces, tiene cierto rechazo por aquellos que tuvieron las botas puestas”.

Respecto de las acusaciones lanzadas por Guerrieri y Amelong en el juicio, apeló a una respuesta más bien pragmática y de sentido común: “¿A quién es más fácil echarle la culpa? Mi papá murió y le echaron la culpa. A otra cosa mariposa”.

Sobre Costanzo se explayó un poco más. Negó que fuera amigo de su padre y dijo que nunca habló de él hasta noviembre de 2007, cuando se enteró de lo que había declarado en el Juzgado Federal de Paraná; afirmó además que se contradice en sus declaraciones y que tiene “una actitud de inculpar a otras personas”. Sin embargo, reconoce que “algunas de las cosas que dice son verdad, porque gracias a su testimonio encontraron a Sabrina”, pero puso en cuestión los motivos por los cuales se presenta ante los estrados judiciales: “No se qué puede pasar por su cabeza; quizás quiera redimirse, quizás esté enojado o tal vez quiera repartir la porquería. Su actitud me genera mucha tristeza, es feo vivir en el odio”.

 

Perfil

Paúl Alberto Navone apareció muerto el 25 de febrero de 2008. Ese día debía presentarse a declarar como imputado en la causa en la que se investigaba el robo de los bebés de Raquel Negro y Tulio Valenzuela.

Navone tenía 62 años, había nacido en Casilda y vivió allí con su madre y un hermano menor. Tuvo una infancia difícil: a los 8 años falleció a su padre y tiempo después sufrió un accidente provocado por la explosión de una bolsa de cohetes que llevaba en un bolsillo y, aunque no tuvo secuelas, le dejó una gran cicatriz en la pierna.

En su temprana adolescencia inició la carrera militar y se fue del pueblo cuando ingresó al Liceo Militar General Belgrano, en la capital santafesina, aunque luego continuó como cursante en Campo de Mayo.

La década de 1970 lo encontró como integrante de la principal unidad de inteligencia del Ejército: el Batallón 601, un grupo operativo integrado por militares y civiles que se movía irrestrictamente en distintas zonas del país. En su caso, estuvo destinado un año en Rosario, tres años en Santa Fe, más tarde fue enviado a Córdoba y en 1975 a Buenos Aires. Entre el 15 de diciembre de 1976 y el 31 de diciembre de 1977 estuvo en Paraná como integrante del Destacamento de Inteligencia 122. De allí marchó a Formosa, donde cumplió funciones hasta el fin de la dictadura, pero en 1982 también estuvo en Malvinas. Su carrera terminó en Rosario en 1991.

Su familia ya estaba radicada en Córdoba y cuando se retiró del Ejército, Navone compró una casa en la pequeña localidad de La Granja. Entonces trabajó para una empresa de televisión por cable y después puso un bar y restaurante en Ascochinga. Al lado de la parrilla tenía un pequeño hospedaje con algunas habitaciones con las que solía aprovechar el excedente de reservas del hotel de la Fuerza Aérea. Eligió ese lugar para entregarse a la muerte una madrugada. “Fue sepultado en La Granja y tiempo después sus restos fueron cremados y sus cenizas esparcidas en distintos lugares con los que guardaba gran cariño”, contó su hijo.

 

ADN

El motor del proceso judicial ha sido siempre la búsqueda del mellizo varón que continúa desaparecido. A partir de los testimonios surgidos en el juicio, los fiscales Mario Silva y José Ignacio Candioti impulsaron una investigación alrededor de la familia Navone. Palabras más, palabras menos, pidieron que se establezca el origen de un hijo –que vive en España– y un sobrino de Paúl Navone. Tampoco sobre ese punto Pablo Navone evadió respuestas. “Pienso en Sabrina y Sebastián, que les han dicho que su hermano está vivo. ¡Cómo no lo van a buscar! Yo lo haría. Es legítimo el interés que tienen y si el juez hace lugar y eso contribuye a la paz de ellos, hay que hacer el ADN”, enfatizó ante los cronistas de esta Hoja.

–¿Habla por usted o por sus hermanos?

–Por mí, por mis hermanos y, en cierta manera, también por mis primos. Nosotros somos hijos del dolor y ellos también. Si sirve para que ellos encuentren la paz, estamos dispuestos a hacernos un análisis de ADN. El fin de la entrevista fue abrupto. El hombre consideró que ya no había más que decir y que tenía obligaciones laborales que atender ante la inminencia de un viaje a España. Entonces, con misma cortesía inicial, despidió a los periodistas y se internó entre papeles y libros de contabilidad.

 

http://www.eldiario.com.ar/diario/interes-general/21939-mi-padre-me-conto-que-a-la-nena-se-la-llevaron-amelong-y-pagano.htm

“Los juicios tienen todo un valor social”

“Los juicios no sólo tienen una función de reivindicación desde el punto de vista de víctimas y familiares, sino que poseen todo un valor social, el de tener la posibilidad de reconstruir la verdad histórica, de hablar de las cosas que no se hablaban”, plantea Sabrina Gullino, nieta recuperada, hija de los militantes montoneros Raquel Negro y Tulio Valenzuela, ambos desaparecidos.

Por Jorge Kaplan para LA CAPITAL de Rosario

 

A partir de datos surgidos en el juicio, Sabrina Gullino tiene la certeza de que su hermano mellizo está vivo. (Foto: N. Juncos)

Nacida en el Hospital Militar de Paraná, a donde fue llevada su madre a dar a luz, prisionera de la dictadura en la Quinta de Funes, Sabrina hoy tiene la certeza de que su hermano mellizo se encuentra con vida, a partir de datos surgidos en el juicio oral que se desarrolla en el Tribunal Oral Federal de la capital entrerriana contra cuatro militares, un agente civil y un médico del Ejército.

 

—¿Cómo estás viviendo la experiencia de estar cara a cara con los acusados en el juicio?

—Desde que empezó tengo a los imputados ahí, y no hay separación. Hubo varios momentos para mí de mucha tensión, y el recorrido al Hospital Militar y el Instituto Privado de Pediatría (IPP) fue el más fuerte: lo tenía a Amelong al lado mío, a Guerrieri más atrás, Fariña. A veces los lugares eran muy pequeños y todos tenían que entrar: jueces, fiscales, las enfermeras que tenían que declarar. Yo quería escuchar porque era donde habíamos estado con mi mamá. Hay muchos sentimientos encontrados. Me dio mucha ternura el proceso que hicieron las enfermeras, porque al principio estaban indicando a sus jefes como responsables de algo que no hablaba nadie. En 2005 ellas hacían con mucho miedo las declaraciones. El día del recorrido vinieron sabiendo que habían sido protagonistas y cómo fueron cambiando para pasar a ser la voz de ese pasado.

—¿Qué sentiste cuando te enteraste que podías ser hija de desaparecidos?

—A mí me contaron desde muy chiquita que era adoptada. Mi familia es de Villa Ramallo y cuando vine a estudiar a Rosario empecé a tener contacto con los chicos de Hijos. Sabés que sos adoptado y empezás a pensar. Pero cuando veía quiénes eran los nietos recuperados y cómo estaban relacionados sus apropiadores con el poder militar o económico, a mí no me cerraba. Con mi familia Gullino tengo tan buena onda, que así como a otras personas los padres les cuentan el parto, a nosotras nos contaban cómo nos fueron a buscar.

—¿Y después del ADN?

—Cuando me enteré que tenía un hermano me dio una pena terrible no haber hecho el ADN antes. Yo decidí hacerme el ADN. Un viernes hablé con un amigo de Hijos que me contactó con Abuelas. El domingo estaba en mi casa de Ramallo con mi familia y a la tarde llegó una citación para mis papás en la causa Trimarco del Tribunal Federal de Paraná. No sabía quién era Trimarco. Buscamos en Internet y encontramos todo: que (el represor) Costanzo había declarado que a Raquel Negro la habían internado en el Hospital Militar como sobrina de Galtieri, que había dado a luz a mellizos y que a la bebé la habían dejado abandonada en un convento de Rosario. Yo no sabía que a la vez había una línea de investigación que me estaba alcanzando a mí.

—¿Qué dirías a quienes tienen dudas sobre su identidad?

—No es fácil. Cada uno tiene su proceso y sus tiempos, pero les diría que puede ser que tengan hermanos que los estén buscando. También siento que se me agrandó la familia en muchos aspectos. La nueva identidad no es algo terminado, que vos eras esto y ahora que estás biológicamente relacionada con estas personas no sos más lo que eras antes y sos otra cosa. No estoy de acuerdo con ese concepto de identidad estático y que cristaliza. Para mí la identidad la vamos construyendo todo el tiempo y se va nutriendo de los vínculos que vamos tejiendo.

—En tu caso todo se dio bastante rápido.

—Yo tuve la restitución de mi identidad (a fines de 2008) y en abril (de 2009) empezó el juicio a Guerrieri hasta 2010, y en 2011 la causa Hospital Militar. Agradezco poder participar de estos procesos de justicia pero a veces uno viene desarmado.

—¿Cómo te relacionabas antes con el tema de los DDHH?

—Eso sí fue un cambio porque en la facultad fui a uno que otro escrache, pero a acompañar, y no milité en ningún organismo de DDHH.

—¿Y en cuanto a la política de derechos humanos de los gobiernos kirchneristas?

—Es superpositiva la política de Estado de DDHH. Creo que los juicios no tienen una función sólo de reivindicación desde el punto de vista de las víctimas y los familiares, sino que tienen todo un valor social. De tener la posibilidad de reconstruir la verdad histórica, de hablar de las cosas que no se hablaban. Lo veo a nivel individual y a nivel colectivo. En Paraná mismo, con las enfermeras, esto de que hay una sociedad civil cómplice pero hay toda una solidaridad de otros actores sociales que en ese momento fueron ninguneados. De alguna manera se vuelve a hablar de otros valores que un poco en esta posmodernidad se estaban olvidando, de militancia, solidaridad, compromiso, de si hay una posibilidad de transformar el mundo.

—Críticos al gobierno hablan del “uso político” que hace el kirchnerismo de los derechos humanos. ¿Qué opinás?

—Digo que no estoy de acuerdo con esa opinión reaccionaria. Creo que ellos (los opositores) también están haciendo un uso político. Son discursos que construyen de alguna manera realidad. Me parece el kirchnerismo cuando apuesta a la política de DDHH, de alguna manera está apostando a la mayoría. Porque nos posiciona como un país superprogresista donde se puede juzgar a los genocidas, y después desde lo micro hasta lo macro está la oportunidad de reivindicación. Debe quedar al margen lo que siente en su fuero íntimo un político, lo que importa es que su accionar redunda en algo bueno. Creo que esa tesis de los opositores es un comentario superficial para desprestigiar a la presidente.

—¿Surgieron expectativas sobre tu hermano mellizo?

—Cuando empezó la causa en 2005, se planteó la hipótesis de que en el Hospital Militar hubo una maternidad clandestina. En 2006 el Tucu (Costanzo) da un reportaje y dan conmigo en 2008, pero en el medio van buscando el testimonio de las enfermeras, de otros testigos. Cuando eso empezó buscaban a la bebé porque el melli decían que había fallecido. Ahora, en la instancia del juicio oral cambió, a mí no me quedan dudas de que está vivo. Porque se fueron escuchando las voces que empiezan a aparecer: que en el Hospital Militar nació vivo, que la enfermera lo cambió de ropa, que teníamos un peso más o menos normal, que estaba bien. Después nos derivan al IPP donde nos ingresan como Soledad López y NN López, provenientes del Hospital Militar, y egresamos los dos el 27 de marzo de 1978. Y tenés que de los médicos ninguno se acuerda, y que para poder sostenerlo terminan hasta poniendo en riesgo la coherencia de su práctica profesional. Ante las preguntas se tienen que ir cubriendo, esa mentira, eso que no dicen. Pero lo más maravilloso que es que podemos encontrar a nuestro hermano y no solamente juzgar a los militares. Y eso es sumamente valioso y de alguna manera es poner de nuevo los valores y principios en orden. Veo a las enfermeras contra el silencio y la cobardía de los médicos.

Fuente: Diario La Capital, de Rosario

Historias del más acá: De tinieblas que se disipan

De tinieblas que se disipan, anuncia Hernán López Echagüe. Y continúa:

“Los militares latinoamericanos le brindaron a la palabra desaparición una magnitud desmesurada en nuestro vocabulario. Acaso ignoraban que, por sencilla derivación o consecuencia semántica, le estaban otorgando idéntico poder y tamaño a la palabra búsqueda. Desaparición remite a sombras, encierro y quietud; búsqueda, en cambio, a movimiento, intemperie, acción, y, como factible y lógica culminación, hallazgo”

* Fragmentos de “Palabras profanas”, por Hernán López Echagüe.

De senderos que se abren, arrojando algo de luz al fin. Algo. Entonces aparece. Aparecen. Como asomándose, en ese movimiento incesante así inevitable, reminiscencias que apenas uno puede percibir, se hacen carne. En movimiento. Y entonces una energía recorre el cuerpo, alguna sensación conocida, otra vez, permanece y escapa al mismo tiempo de cada recoveco. Y ahí el encuentro.

“La búsqueda y la evocación no tienen fecha de caducidad. El hallazgo tampoco”, otra vez resuena López Echagüe. Y así Sabrina, puede evocar en cada palabra, en cada pensamiento, en cada sensación, algo de ese movimiento, de esa energía que la hizo emerger. Que la hace emerger. Infinita. Hoy en Historias del más acá, la escuchamos.

 

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Micro emitido (17/04/2011) en Bárbaros 2011 por Radio Universidad Rosario, 103.3 mhz.

 

Sabrina me apareció, sí. Como de repente, asomando, en uno de esos momentos que uno casi nunca imagina, ni espera. Una sensación conocida, otra vez, recorriendo mis entrañas y el recuerdo de eso que dicen “al azar de los encuentros”.  Y de los cuerpos. De la sincronicidades y de las intensidades que uno deja pasar sólo en ese preciso instante, justo, nada más ni nada menos, así tan breve, y al fin conecta. Con algo. Haciéndose carne.

Podría decir, que algo parecido resultó mi encuentro con Sabrina. Aunque debo admitir que a esa altura ya no se trataba de una simple aparición, no lo creo.  A esa altura, ya había más cosas en juego, intentando hallarnos. Eso. Entonces nos hallamos. Las sincronicidades, otra vez.

Lejana su voz por teléfono, esta vez sabía que sería distinta. Cómo imaginar sus gestos, sus movimientos, las expresiones que irían mutando su rostro deviniendo en una emoción nueva a cada momento. Con cada palabra. Con cada fragmento relatado. Cómo. Pero uno nunca sabe.

Lentamente, decidí acomodarme en la silla del escritorio, cerré las puertas para que nadie se entrometiera en la ocasión y la llamé. Así nomás.
Sabrina parecería sonreír todo el tiempo, o al menos es lo que voy percibiendo lentamente, después de cada oración, de cada susurro intentando esquivar la distancia a través del tubo del teléfono. Su tono suave, de a poco se anima a ir soltando las primeras palabras, aunque aún se la presiente movediza, como de no saber qué es lo que va a suceder: “¿Las preguntas van a salir grabadas?”, me pregunta ansiosa y con algo de incertidumbre. Es que yo tampoco sé muy bien que va a ocurrir. “No, no” le respondo, apaciguándola, así ella “Entonces me presento”, firme y segura y se anuncia al fin.

“Mi nombre es Sabrina Gullino Valenzuela Negro, yo recuperé mi identidad en diciembre del 2008, vivo en Rosario, soy hija de Tulio Valenzuela y Raquel Negro”,  esas son sus palabras exactas, claras, las que bastan para dar cuenta de ese pequeño e inmenso al mismo tiempo, fragmento de historia que le ha sido arrebatado alguna vez. Fresca se la escucha, mientras comienza a contarme un poco más acerca de todo ese descubrimiento que no hacía mucho había comenzado: “A mí me adoptaron mis papas Gullino, me crié en Villa Ramallo, y siempre supe que era adoptada. Era una familia muy sencilla, por ahí cuando tenía dudas sobre de dónde venía, pensaba en toda las historia de los nietos restituidos y no daba el perfil de mis viejos como apropiadores, entonces fui como pateando siempre para delante esa duda hasta que a fines del 2008 decido llamar a Abuelas, me comunico con Iván Fina para que me de la entrevista para hacerme un ADN. Resulta que paralelo a eso, hacía cinco años, en la provincia de Entre Ríos, en Paraná, se estaba llevando a cabo una investigación, la causa Hospital Militar de Paraná, que es una causa que se eleva a juicio oral y público este año. Y en ese cruce de casualidades y causalidades, justo la misma semana que yo había llamado a Iván para hacerme el ADN, es que me llega una citación y bueno, viajo a Paraná para hacerme el ADN y resulta que sí, después de esperar 20 días los resultados, era hija biológica de Tulio Valenzuela y Raquel Negro, dos militantes montoneros que fueron secuestrados el 2 de enero de 1978, en Mar del Plata, cuando mi mamá estaba embarazada de mellizos, o sea estaba yo en la panza y un hermano varón que ahora nosotros estamos buscando. Y en ese lugar en Mar del Plata también estaba mi hermano Sebastián.”

donde está el sol,
luz vertical,
arde la tierra
preñada de sal

La historia que me cuenta Sabrina me resulta increíble, en cada partecita. Mientras avanza, con esa magia, como cautiva sólo puedo permanecer con el teléfono en la mano, asombrada, quieta y sin palabras. Mil pensamientos al mismo tiempo y emociones que no sé muy bien por dónde hacer escapar. Cómo, otra vez me pregunto por dentro, insistente vuelvo; cómo poder imaginarme, apenas algún gesto, su sonrisa, su serenidad con la que me relata de a poco esa importante parte de su vida.

Entonces retorno a su infancia y con ello, a los comienzos de la búsqueda. Es que quiero saber algo más acerca de cómo había sido ese proceso, esas primeras dudas que la habían arrojado a tomar la decisión. Ese tramo del camino que la fue arrimando hacia su historia, su identidad, sus raíces. “Yo crezco en Villa Ramallo, y tengo una vida en un pueblo, así con muchos amigos… cuando paso la secundaria, bueno, uno va teniendo así como más idea sobre el terrorismo de estado, sobre todo en la universidad. Estudié Comunicación Social en Rosario y estaban los chicos de H.I.J.O.S, el tema de la dictadura se hace más conocido cuando estudias y yo ahí me empiezo a preguntar si seré hija de desaparecidos…”

Naturalmente Sabrina me cuenta que así como cualquier niño pregunta a su madre sobre el momento del parto, ella preguntaba, casi inocentemente a sus padres adoptivos, cómo había sido el proceso de su adopción y cómo la había ido a buscar en ese entonces. Sus palabras me resuenan, intensas, otra vez. Esa fortaleza y esa convicción que respalda y acompaña cada evocación, a sus padres, a su infancia, a sus momentos de incertidumbre.

“Las dudas siempre están, pero por ahí, estar en una familia que te dio todo, que te trató con la verdad… También es como que todo se fue basando sobre la verdad, no hubo una cosa oscura con la adopción, con nuestra adopción y la de mi hermana. Siempre fue una familia unida y eso fue un tema charlado sobre la mesa, con chistes… Entonces cuando yo dije, esto es algo pendiente, lo voy a hacer porque no puede ser que no lo haga, ahí se cruzó la información, se cruzó mi deseo de hacerlo y una fuerza de todo un movimiento y una búsqueda que había empezado mi hermano en el 2005 en el registro único de la Verdad, ahí en Paraná”.

con su color,
de eternidad,
tejen la vida
y un viejo telar

Luego de idas y vueltas, reminiscencias que van brotando de a poco, Sabrina me comienza a narrar el encuentro con su hermano mayor, Sebastián. Evidentemente las acciones fueron perfectas, por cierto, cada vestigio fue encajando, fue componiéndose como piezas de rompecabezas y así uno piensa entonces que no le caben a la palabra hallazgo, a la palabra encuentro, todas estas cosas. Estos afectos. Uno nunca sabe.

“Qué haces negrita” ese fue el saludo de su hermano Sebastián, primer acercamiento, luego de tanta ida y vuelta. De tanta espera. Y entonces con gracia y esa sonrisa que parece entreverarse con su voz, Sabrina eternamente retorna a cada momento de aquél instante:

“Queres que nos conozcamos… venite a mi casa, pero vení vos solo, porque me imaginé que iba a venir con un montón de personas, imaginate…” me dice alborotada y sigue: “Cuando iba caminando por el pasillo, pensaba, es la primera vez que voy a ver a alguien de mi sangre, alguien que puede ser parecido a mí, eso no me lo voy a olvidar nunca, era la primera vez que lo veía… me trajo un montón de fotos y hablaba rápido, rápido y yo lo miraba porque no escuchaba lo que me decía…” otras vez su risa, que puedo notar en la distancia, me contagia aquella energía que anda el cuerpo cada vez que nombra a su querido hermano.
Encontrarse con esa historia, con sus orígenes, con su pasado significaba también encontrarse, hallarse con nuevas emociones, con su misma sangre, con otros apellidos, con otros nombres, otras palabras, por cierto, con otros recuerdos, mil anécdotas, mil sensaciones. Y así me relata cómo fue conectando con toda esa parte de la familia, que nunca había conocido. Que estaba, seguro, en alguna parte de la tierra, pero que recién ahora ella es consciente de que todo aquello existe.  En San Juan, en Santo Tome, los hermanos de sus viejos, los tíos, primos.

pueblo cantor,
donde el dolor,
del la vidala
desangra su voz

De la esperanza, de la convicción, de la fortaleza, de la ilusión inconmensurable que la acompaña día a día a Sabrina, en la búsqueda de su hermano mellizo. Y me cuenta de ese modo, el juicio oral que comienza este año en la causa del Hospital Militar de Paraná, y toda la investigación que comenzará sobre lo que respecta a maternidad clandestina. “Decir que lo estamos buscando y poder saber algo sobre el paradero del melli”, es lo único y principal que continua destacando Sabrina en el relato.

Me animo a preguntarle entonces que piensa sobre la palabra hallazgo, que significado contiene para ella, o qué cosas intervienen en semejante expresión. Ella no para de iluminarse, es que en verdad casi todas las personas hablan siempre de su “aparición” así, de repente.

“Esta buena esa palabra”, me dice sobre el hallazgo, como confortándose, confortándome. “Siempre dicen en realidad que yo les aparezco a los otros, y yo a veces siento que para mí es al revés, por todo lo que encontré. Es una energía, una vorágine de información, no es un proceso fácil… espero estar a la altura de todas las circunstancias que tienen que ver con reivindicar la lucha de mis viejos, de acompañar a mis hermanos en la búsqueda del otro melli. Estar a la altura de todos los otros compañeros que fui encontrando y que fui conociendo, que fui compartiendo este momento de mi vida, con los chicos de H.I.J.O.S, las personas del espacio de Juicio y Castigo, de APDH, de familiares… Para mí el hallazgo también es eso, todo lo que se me suma y también es el peso o las responsabilidades de acompañar… Yo pude participar de esa instancia de justicia porque durante 34 años hubo un montón de personas, las abuelas, las madres, que se pusieron esto al hombro y con un montón de fuerza y de valor y no en un momento propicio como el que estamos viviendo ahora nosotros, como es el tema de los derechos humanos; y ellos empezaron a luchar por saber donde estaban sus hijos”.

Creo que sus palabras son más que suficientes, claras, transparentes. Sabrina habla de un alivio, de la tranquilidad que hoy siente aunque aún le resulta difícil poder dar cuenta y visualizar todo esto que le sucedió, que le sucede: “Es como que te centra en el mundo tener toda la información, saber de dónde venis, porque te gustan tales cosas, o no te gustan tales otras… es completar un capítulo fundante que me faltaba, ahora lo tengo y eso modifica todo el devenir de mi historia personal”.

“Alivio” otra vez, desacoplan sus labios. Y continúan diciendo que no importa si son pequeñas o grandes las dudas que pueda tener uno, sino que hay que jugarse, animarse y tomar la decisión para alcanzar la verdad. La verdad. Como lo hizo ella: “A veces resulta un  camino doloroso, pero a la larga siempre hace bien…”.
Nuestra conversación va terminando, creo que está todo dicho. Cómo imaginar sus gestos, sus movimientos, sus emociones. Otra vez. Cómo poder transmitir apenas algo, de lo que siente, de lo que voy sintiendo yo al mismo tiempo. La palabra hallazgo, definitivamente no le cabe. Imposible abrazar todos los encuentros, los recuerdos, las emociones, los afectos, las pequeñas historias con las que fue conectando Sabrina. Sólo espero, puedan percibir apenas un atisbo, algo, de lo que siente, de lo que voy sintiendo.