El juez López Arango analizó la trascendencia social del juicio, defendió el respeto del debido proceso y confesó que este caso representó “un desafío” en su carrera judicial
por Alfredo Hoffman para Diario UNO

 

“En lo personal fue un desafío, en todo sentido: físico, psíquico. Y después un compromiso, porque uno vive acá, la gente por la calle te para, gente que te conoce, que no te conoce. Algunos te elogian, otros te critican, uno está expuesto en ese sentido. Sin ninguna duda fue un desafío personal, profesionalmente incluso”. Roberto López Arango, paranaense, presidente del Tribunal Oral Federal, cree que la premisa de que los jueces hablan sólo a través de sus sentencias pertenece a otra época. En ese marco le contó a UNO sus impresiones sobre el primer juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolló en Entre Ríos; destacó la atención social que hubo en estos últimos dos meses y defendió el respeto a rajatabla por el debido proceso, aunque eso implique permitir decir lo que piensan a quienes hacen su particular “lectura de la historia”, como se refirió a los discursos que muchas veces fueron justificaciones del terrorismo de Estado.

Al finalizar el debate, los propios represores reconocieron la “imparcialidad” de López Arango, su estilo de dejarlos hablar. Ese estilo, según dijo, además de ser un mandato constitucional, tiene que ver con su oficio: “Ustedes, los periodistas, a medida que ejercen la profesión empiezan a manejarse teniendo oficio respecto de su trabajo. Y lo nuestro no es distinto: yo tengo una carrera judicial muy prolongada en el tiempo; me recibí muy joven, a los 23 años, y a los 24 ya era funcionario de la Justicia”.

“El juez no tiene que actuar con prejuicios. Obviamente, algún prejuicio siempre uno tiene, pero el oficio del juez hace que uno aprenda a manejarlos. Cuando uno aprende a manejarlos empieza a ser un poco mejor juez. Porque prejuicios tenemos todos, incluso todos tenemos una formación política, tenemos un origen social y cultural que en algún momento aparece en nuestra actividad. Justamente, manejar eso, hace al rol del juez. Entonces, en estos juicios, la idea es que todas las partes se puedan expresar. Los acusados hacen sus defensas, sus planteos, hacen una lectura de la historia, y tienen derecho a hacerlo si queremos que el juicio sea un verdadero juicio. Traté de darles la libertad en la medida que lo hicieran con respeto, no manejándose groseramente ni con expresiones fuera de lugar, pero que pudieran decir lo que sentían, ejercer su verdadero derecho de defensa. Los americanos, que son un poco los ideólogos conceptuales del debido proceso legal, tienen una expresión que para mí es muy gráfica que es ‘Your day in court’: tu día en la corte. Es decir, el día que un juez o varios jueces te van a prestar atención para que vos te defiendas, es tu día, y eso hay que respetarlo”.


—En algún punto resultaba paradójico que reclamaran debido proceso quienes en su momento no lo tuvieron en cuenta. ¿A usted le surgió esa paradoja?

—Puede ser, pero siempre tengo una idea central: alguien dijo que en la lucha contra el caníbal lo que no se puede hacer es comerse al caníbal, porque si no no sirve. Si nosotros vamos a hacer un juicio donde de antemano ya vamos a saber el resultado y no les vamos a dar la oportunidad, entonces para qué hacemos el juicio; es una parodia.

 

Afrontar el paso del tiempo

—El hecho de que hayan pasado más de 30 años desde que se cometieron los hechos, ¿perjudicó de alguna manera la posibilidad de reconstruir lo que pasó, de llegar a la verdad, o se pudo afrontar ese desafío con éxito?

—Creo que se ha afrontado con bastante éxito el desafío. Digamos que también, de alguna manera, eso condicionó a que los jueces nos pusiéramos en la situación de entender que estas causas prácticamente se desarrollan a través de los testimonios. Y ustedes saben, hay quienes han desaparecido por testimoniar, así que no es fácil que una persona testimonie, que dé nombres, que reconozca a sus represores, si bien la militancia, sobre todo las agrupaciones de Derechos Humanos, se ha preocupado por investigar, por hurgar, por conseguir nombres, incluso por proteger a los testigos. Esto de alguna manera facilitó la posibilidad de que se hiciera el juicio. Se buscan los testigos, se los lleva, se los trae, se los protege. Después tenemos el problema del paso del tiempo, no obstante lo cual, quien de alguna manera ha sufrido y ha sido víctima de esto, no se olvida, lo tiene muy patente en su memoria.

—¿Puede hacer una valoración de los aportes de las enfermeras?

—El aporte de esos testimonios ha sido interesante. Son trabajadoras de la salud que han tratado de recordar lo que habían vivido, la experiencia.

—Se ha cuestionado a los médicos.

—Se los ha cuestionado. Las partes pudieron interrogarlos profundamente, hubo careos incluso. Evidentemente las enfermeras recordaban cuestiones que los médicos no recordaban. Habría que valorar también cómo es el rol de cada uno, el tiempo que una enfermera pasa con los pacientes, los médicos los ven de una manera más fugaz. Además las enfermeras eran mujeres y se trataba de bebés, puede haber ahí un sentimiento maternal que hace que recuerden con más frescura los hechos.


Lesa humanidad

López Arango dijo que la sociedad paranaense siguió el juicio con interés y se escucharon diferentes opiniones: “Hay algunos que hasta no están de acuerdo con que se realicen este tipo de juicios. No podemos negar que el proceso militar tuvo un componente civil de apoyo que seguramente no va a estar de acuerdo. Uno lo escucha, todavía hay voceros, hay gente que lo dice, más abiertos o no. Pero me parece que la sociedad ha comprendido la necesidad de estos juicios.

—Hay un sector que dice que también se deberían hacer juicios por las víctimas de lo que se denominó la subversión. ¿Usted qué opina al respecto?

—Hay fallos de la Corte en ese sentido. Los delitos de lesa humanidad para ser considerados tales requieren de determinados requisitos, como que la agresión provenga del aparato estatal, o por lo menos paraestatal, al margen de la ley, con una estructura organiza de poder. La Corte ha dicho que los otros hechos, por más aberrantes que sean, están sujetos a las normas comunes de prescripción. Esos son los parámetros que se han establecido en la causa Priebke, en la causa Arancibia Clavel.
Juicio en el Comando

Para el juicio de lesa humanidad que se hará el año que viene, que tendrá como principal acusado a Albano Harguindeguy, la idea del tribunal es utilizar el edificio donde funcionaba hasta hace poco el Comando de Brigada, en 25 de Mayo 233, que fue adquirido por el Estado nacional. Allí hay un espacio donde se puede instalar una sala de audiencias más amplia que la que se utilizó en la causa Hospital Militar, de la Cámara Federal de Apelaciones. “Si no llegamos para ese juicio, tendremos que buscar un lugar más cómodo, porque habrá más imputados y más víctimas”, dijo López Arango.

Si se utiliza el Comando de Brigada tendrá un simbolismo especial, ya que allí se realizaban los Consejos de Guerra, parodias de juicios a los detenidos ilegales, aunque para el magistrado simplemente se busca “tener un lugar adecuado”.

 

Economía procesal

López Arango es de la idea de que los juicios de lesa humanidad se instrumenten de un modo diferente, por “economía procesal” y otras razones: “Yo creo que acá, y esta es una opinión personal, debió instrumentarse una mayor concentración de los juicios. Se debió buscar una forma de concentrarlos por regiones o por número de causas, y acumularlas. Acá se están multiplicando las causas contra los mismos imputados”. Eso es lo que se persigue al acumular las tres causas de la costa del río Uruguay que se someterán juntas a juicio el año que viene.

“Fíjese que en estos imputados hay algunos que tienen hasta dos condenas, en juicios separados. Y estos juicios van a seguir. Además surgen nuevos juicios porque entran a aparecer otros hechos. Desde el punto de vista de la eficacia de la Justicia debió intentarse no guiarse por los parámetros de cómo se instrumentan las causas penales habitualmente. Se debió someter a juicio a las personas en una sola oportunidad, no a multiplicidad de juicios que se van reproduciendo. Para el imputado es un tema porque está tironeado por distintos tribunales, sale de una causa para ser juzgado en otra, hasta con una repercusión en su físico, porque no es fácil estar en el banquillo de los acusados”, sostuvo.