Historias de la Quinta de Funes

Documentos secretos mexicanos identifican a militares argentinos

Revelan datos del intento de Galtieri de asesinar a Firmenich en México. Documentos secretos mexicanos identifican a los militares que participaron de esa acción encubierta. También confirman que se usó a montoneros “quebrados” y cómo los detuvo el espionaje mexicano.

Por Daniel Santoro


Los espías que Galtieri había enviado en enero de 1978 a México para intentar secuestrar o asesinar a Firmenich fueron detenidos por el servicio secreto mexicano gracias a una formalidad: luego de un primer intento de fuga volvieron a su hotel a pagar la cuenta.

Además, esos espías revelaron a las autoridades mexicanas que el Ejército ya había interceptado el plan secreto de las operaciones de sabotaje que Montoneros iba a realizar en junio contra el Mundial de fútbol en la Argentina.

A 30 años de la llamada “Operación México”, Clarín accedió a los interrogatorios a los cuales los espías de Galtieri fueron sometidos por la Dirección Federal de Seguridad de México al ser arrestados en el Distrito Federal entre el 19 y 20 de enero de 1978.

Esos interrogatorios los obtuvo Carlos Osorio, de la asociación National Security Archive de EE.UU. (ver www.nsarchive.org), quien los facilitó a Clarín. El caso fue revelado por primera vez en 1984 por el libro “Recuerdos de la Muerte” de Miguel Bonasso.

Esta operación del entonces comandante del II cuerpo de Ejército, general Leopoldo Galtieri, involucró a miembros del Destacamento de Inteligencia 121 y a montoneros “quebrados” del centro de detención clandestina conocido como la “quinta de Funes” en Rosario.

Los documentos revelan que el ex jefe de los montoneros rosarinos, Tulio Valenzuela, cuya mujer Raquel Negro, embarazada y un hijo, que Galtieri tenía retenidos como rehenes, aceptó dar datos sobre la ubicación de sus compañeros recién cuando llegaran a la capital mexicana. Era, según los militares, para “identificar, fotografiar e infiltrar” a Firmenich y al resto de la cúpula montonera que se reunía en secreto. Según el ex diputado y desaparecido Jaime Dri, el objetivo era secuestrarlos o matarlos.

Estos datos que ahora se conocen fueron dados al gobierno mexicano por el entonces teniente del Ejército Daniel Amelong, quien llegó el 17 de enero de 1978 a México con un pasaporte falso a nombre de “Manuel Pablo Funes” y por el montonero Carlos Laluf que fue con otro a nombre de “Miguel Vila Adelaida”.

Amelong afirmó que esperaban que allí se reunieran 40 líderes montoneros para decidir cómo enviar guerrilleros y armas a la Argentina para sabotear el Mundial. Luego, admitió que “la única presión” sobre Valenzuela fue decirle que tenían “ubicada a su amante y al hijo de ella”.

Sin embargo, Valenzuela, en vez de delatar a sus compañeros para que fueran emboscados por una “patota” militar (había más espías argentinos en México), denunció la presencia de Amelong a la prensa mexicana y allí estalló un escándalo. Luego un periodista mexicano llamó a Amelong a su hotel para consultarlo y otro al teléfono de contacto que Valenzuela tenía de la “Quinta de Funes”. Amelong y Laluf salieron del hotel Mayalán y minutos más tarde llegaron efectivos de la Dirección Federal de Seguridad. Como Amelong y Laluf tuvieron miedo de ser denunciados por irse sin pagar el hotel, volvieron: fueron apresados.

El 21 de enero, luego de consultas diplomáticas reservadas entre ambos países, los dos detenidos, más el capitán del Ejército Rubén Farias alias “Eduardo Ferrer” y el agente Jorge Cabrera alias “Carlos Caravetta”, fueron expulsados por espionaje ilegal de México. Mientras tanto, en pocas horas el centro de detención de la “Quinta de Funes” fue desmantelado y sus detenidos trasladados a otro.

Valenzuela se quedó en México y fue paradójicamente degradado por la cúpula montonera. Luego, al volver al país para sabotear el Mundial, fue asesinado por los militares y hoy, junto a Laluf, integra la lista de 12 desaparecidos cuyo destino será investigado en un juicio oral público en Rosario en los próximos meses.

 


Entrevista al ex agente de inteligencia del Ejército

Eduardo Costanzo: “El general Galtieri debió controlar la Operación México y Videla, conocerla”

Además, el ex militar dio otros datos del frustrado intento de matar a Firmenich en México en 1978.

Por Mauro Aguilar

Aunque Eduardo “Tucu” Costanzo jura haber desempeñado un papel menor como personal civil de inteligencia, este año será juzgado en Santa Fe junto a otros tres represores por privación ilegítima de la libertad, torturas y homicidio de doce personas en la causa del centro de detención clandestina conocido como la “Quinta de Funes”, donde se programó la “Operación México”.

Sin embargo, advierte que sus ex compañeros no dejarán que llegue con vida al juicio oral por temor a que revele más datos comprometedores. “Soy el próximo Febres”, asegura.

Clarín reveló ayer documentos del servicio secreto mexicano que identificaron a los militares que participaron de esa acción encubierta para intentar matar a Mario Firmenich en México.

En la “Quinta de Funes”, ubicada 20 kilómetros al oeste de Rosario, permanecieron detenidos antes de viajar a México, Tulio Valenzuela y Carlos Laluf, los dos montoneros que participaron de la maniobra. En una entrevista con Clarín Costanzo, quien se encuentra con prisión domiciliaria, reveló datos de esa operación de la que se cumplieron 20 años.

- ¿Qué recuerda de la “Operación México”?

- Inteligencia (del Ejército) organizó llevar a Tulio Valenzuela a México para chupar a Firmenich y a Vaca Narvaja, que iban a una reunión. Pero Valenzuela, en lugar de ir a la reunión, fue a los diarios y dijo que venían militares a matar montoneros. Se armó un revuelo bárbaro. Los mexica nos detuvieron a (Daniel) Amelong y a (Carlos) Laluf. También estaban (Jorge) Fariña y (Jorge) Cabrera, alias el “Barba”, un agente de inteligencia que era mi compañero y era el único que torturaba porque le hicieron hacer un curso. Creo que al otro día de la detención les pegaron dos patadas a las cuatro y los sacaron de México. Valenzuela quedó allá.

- ¿Lo participaron del plan cuando preparaban el viaje?

- No. Nos enteramos de culilla. A Valenzuela lo tenían aislado para que no tomara contacto con nadie. Supimos por alcahueterías que se iban a México. Pero no sabíamos en qué consistía el viaje secreto.

- ¿Qué participación tuvo Galtieri en el operativo?

- Tiene que haberla tenido como comandante del II Cuerpo de Ejercito. Era una operación demasiado grande que hasta Videla tenía que conocerla.

- ¿Usted estimaba que por el cargo que tenía Galtieri debía controlar todo?

- Puede ser posible. El era jefe jefe.

- ¿La quinta de Funes se levanta tras frustrarse el plan México?

- La levantan porque habla un periodista de México a la quinta. Empezó diciendo: ‘acá está fulano de tal con nosotros’. Habló con el coronel (Pascual) Guerrieri. De la noche a la mañana nos dijeron que había que levantar todo. Cargamos todo sin saber qué pasaba.

- ¿Qué pasó con el montonero Laluf después de la “Operación México”?

- Está entre los catorce que han muerto después en la Intermedia, la quinta de Amelong (Ndr: ubicada en Timbúes, 40 kilómetros al norte de Rosario).

- ¿Amelong, Fariña y Cabrera fueron reubicados al regreso?

- No. Fue como si nada hubiese pasado. Ni se podía preguntar tampoco porque si un jefe se enteraba que estabas averiguando, ponele la firma que eras boleta.

- La mujer de Valenzuela, Raquel Negro, estaba detenida y embarazada. ¿Qué le sucedió?

- La llevan de Funes a Paraná. Ahí la internan como sobrina de Galtieri en un hospital militar. Nacieron dos criaturas, una de ellas muerta. La otra la entregan en un convento o colegio. A Negro la traen muerta a la Intermedia en el baúl de un auto.

 


Entrevista al represor Eduardo “Tucu” Constanzo

“No quieren que hable de lo que tengo que hablar”

En una entrevista concedida al programa “Trascendental” de LT 8, el represor procesado por crímenes de lesa humanidad -cumple arresto domiciliario-, dijo que “están buscando sacarme de mi casa para mandarme a una cárcel para que me maten”.

Constanzo cumple arresto domiciliario en su casa de Rosario. “Estoy mal, mal, estoy totalmente enfermo”, dijo.

 

Por José Maggi

-¿Por qué decidió hablar ahora después de tanto tiempo?

-Porque ha llegado el momento, porque antes estaba muy impresionado con riesgo de muerte, porque cuando estaba detenido en el Batallón 121 me quiso matar dos veces el teniente coronel (Juan Daniel) Amelong. La denuncia está en el juzgado de Sutter Schneider y no se hizo nada, a pesar de que había testigos como los soldados. Y ahora están buscando cómo me sacan de mi casa para mandarme a una cárcel para que me maten, y me pase lo mismo que le pasó a (Héctor) Febres, porque lo que ellos pretenden es que no llegue al juicio oral.

-¿Por qué cree que lo quieren llevar a una cárcel común?

-Porque ayer (por el jueves) me llegó un oficio en la que dicen que quieren revisarme con un médico forense con posible destino a una cárcel común.

-¿Quien firma ese oficio?

-El Tribunal Oral Nº1 , con la firma del doctor (Otmar) Paulucci.

-¿Cuándo debe presentarse?

-Tenía que presentarme hoy (por ayer) a las 11.30 de la mañana, pero estoy mal, mal, estoy totalmente enfermo. Asi que vino la Policía Federal y labraron un acta. Lo que le digo es que van a buscar cualquier forma de que me maten, para que no llegue al juicio oral y no hable lo que tengo que hablar.

-¿Qué puede decir que no haya dicho ya en sus declaraciones judiciales?

-Mucho, más de la mitad porque yo no tenía garantías en el juzgado de Sutter Schneider porque cuando estaba en el 121 iba el coronel Chizzini Melo que era el nexo ente el Ejército y la justicia. Y me decía que cuando se fuera (Omar) Digerónimo lo iban a nombrar a Sutter Schneider que era “hombre nuestro y lo manejamos nosotros”. Y yo también tenía las esperanzas en él, porque lo conocía al padre. Fue entonces que lo nombraron a Vera Barros, y después llego al final él. Es un hombre que no me merece confianza porque de lo que yo le he dicho no ha hecho nada, ni de lo que le pidió la (ex) fiscal Tessio, que pidió la detención del teniente coronel Marino González, del teniente coronel Rodolfo Riegé, de Walter Pagano, de Rodolfo Isachs, Ariel Porra, Ariel López, Alberto Pelliza alias Armando, Francisco Scilabra, Jorge Cabrera alias Andrés y Jorge Pérez Blanco a quienes se les debía tomar declaración indagatoria. Y el juez no citó a nadie.

-¿Usted que está procesado por crímenes de lesa humanidad y ahora pide justicia para que vayan presos sus viejos compañeros?

-No son mis viejos compañeros sino los que han cometido los crímenes porque no los cometí yo. Yo estaba viendo lo que hacían, pero los que apretaron el gatillo fueron ellos. Los matadores fueron Rodolfo Isachs…

-¿Los matadores de quienes?

-De los catorce detenidos en La Intermedia de los que se me culpa. Los mató Isachs, Amelong, (Jorge) Fariña, y (Pascual) Guerrieri, que son los cuatro que estaban en la pieza, los hacían llevar uno por uno y los mataban ahí adentro.

-¿Qué fue La Intermedia?

-Una casaquinta de la familia Amelong, ubicada en el kilómetro 23 frente al Automóvil Club, yendo a Santa Fe. Ahí estaban alojados cuatro o cinco meses.

-¿En qué época ocurrió esto?

-Era 1978, dos o tres meses antes del Mundial de Fútbol. El Ejército tenía que deshacerse de esa gente porque tenían que trabajar en el Mundial.

-¿Cuánto tiempo los tuvieron allí?

-Los tuvieron tres o cuatro meses después que los sacaron de la Escuela Magnasco.

-¿Y antes de eso dónde habían estado detenidos?

-Dos meses en la Quinta de Funes. Y antes de eso en La Calamita.

-¿Qué pasó en La Intermedia?

-Fue donde los eliminaron. Yo le dije a Sutter Schneider que le podía indicar cómo y dónde los mataron. Y el juez me contestó que no era yo el que le debía dar órdenes. No me llevó nunca.

-¿Qué hay en La Intermedia para que usted señale?

-Un chalet, a unos veinte metros había una casa en construcción prácticamente terminada a la que faltaban los pisos nada más, no sé cómo está ahora, ese lugar es donde los mataron. En el chalet vivían, comían y dormían.

-¿Cómo los mataron?

-Con dos tiros en el corazón que les pegaba Rodolfo Isachs, el ex comisario general, que hoy se encuentra en Pinamar en una cabaña.

-¿Quiénes eran los detenidos que fueron asesinados en La Intermedia? -Tonioli, Nacho y la Nacha, Leopoldo Tossetti y la señora, la Gringa y la Foca, que era el marido, estaba Novillo, el Tío, son esos catorce.

-¿Y quién fue la mano ejecutora?

-Isachs, pero imagino que los otros los agarraban para que les pegue el tiro. Hasta ahí no veíamos nosotros porque los metían en la pieza.

-Usted era Personal Civil de Inteligencia, pero ¿qué rango tenía el resto?

-Igual que yo. El resto como Amelong era teniente coronel del Ejército, Guerrieri era teniente coronel y segundo jefe del Destacamento de Inteligencia, y Fariña era el jefe de la patota con el grado de capitán ascendido ya a mayor.

-Además de los centros clandestinos de detención que nombró como La Calamita, la Quinta de Funes, la Escuela Magnasco y La Intermedia, ¿qué otros centros de detención funcionaron en esta región?

-No conozco ninguno más, desde el 77 al 78 eran esos. Pero lo que yo quiero decirle es la gente de la patota que anda afuera. Por ejemplo Cabrera alias el Barba, es el único que interrogaba y torturaba porque estaba especializado, lo mandaron a hacer un curso. El resto ni yo ni nadie hemos tocado a nadie porque no estábamos autorizados. Los que lo hacían eran él y Fariña. El Barba era el que la torturó a (Adriana) Arce, a (Tito) Messiez durante cinco horas lo torturó, es el que tortura a Cambiaso y Pereira Rossi dentro del camioncito en bulevard Oroño al fondo, cuando estaban haciendo la avenida de Circunvalación. En democracia empezó a trabajar en la Defensoría del Pueblo, pero no trabaja más, no sé dónde anda.

-¿Cómo es posible que un asesino como él haya tenido cabida en una entidad pública?

-A ese lo nombró (Norberto) Nicotra, que nombró también a Víctor “Chuli” Rodríguez.

-¿Qué hizo Rodríguez en la dictadura?

-No estuvo acá en la dictadura, estuvo después. El Chuli estuvo en el secuestro de Cambiaso y Pereira Rossi, junto con Guerrieri.

-¿Por qué participa Rodríguez?

-Porque era capitán y los trasladaron a Rosario después de Malvinas. Y acá llegó a ser segundo jefe del Destacamento.

-¿Es el mismo coronel Rodríguez que cruza Los Andes a lomo de mula emulando lo que hizo el general San Martín?

-Sí, es el taradito ese, ese mismo. Pero hay otros: como Sfulcini que lo sigue y lo hace detener a Messiez en una fotocopiadora, junto con el Barba, Pagano, Porra y Gustavo Bueno. Lo chupan en el centro y lo llevan a La Calamita y lo torturan durante cinco horas.

-¿Cómo termina la vida de Messiez?

-Y desaparecido, cómo va a terminar.

-¿Pero dónde está su cuerpo?

-Habría que preguntarle a los tiburones de la bahía de Sanborombón…

-¿Quién fue el que dio la orden?

-No sé si fue (Leopoldo) Galtieri o directamente la Presidencia. Pero en esos vuelos iban Ariel Porra, alias El Puma, que es además el matador de Remo (sic), y el mismo que lleva a Cambiaso y Pereira Rossi y se lo entrega a Patti tirado en el piso; Porra es el que lo lleva pisándole la cabeza. Este Porra se lo entrega a Patti, y lo mismo hace Filtro, alias Sebastián que es el yerno del coronel Pozzi, y es el que lo lleva en el otro auto, pisándole la cabeza y el cuello a Rossi para entregarlo a Patti.

-¿Quiénes hicieron esa operación?

-La hicieron en el bar Magnum, y fueron Rodriguez, Guerrieri y toda la Patota, que estaba integrada por el Gato Andrada que era arquero de Central, y que se jubila del Destacamento (de inteligencia) como agente del servicio, y también estuvo en el secuestro de Cambiaso y Pereira Rossi, como Raúl Campilongo, que estaba en la puerta.

-¿Quién es Campilongo?

-El que estaba en Vivienda, que sabía estar con Cerruti.

-¿Esta gente alguna vez declaró ante la justicia?

-No nunca nadie ha hecho nada. Es más cuando nosotros conseguimos el pedido de captura de Pagano y lo detienen mis hijos, le avisan la juez Sutter Schneider que viajaba en auto hacia Rosario a la altura de Cañada de Gómez. Y sabe lo que dijo al comisario de la segunda que lo llamó: “Mire qué boludo dejarse detener”. Y estaba molesto porque mis hijos habían detenido a Pagano.

-¿Qué otros represores sueltos quedan aún hoy en la ciudad?

-Ariel Porra, el Puma; Ariel López que es el que lo mata a Remo y tira a la gente del avión; Isachs Rodolfo, que mata a los catorce detenidos; Juan Carlos Bossi, que está en Barcelona, y es el que los inyectaba y los mataba. También me acuerdo que entre los veintisiete que llevaron a Monje para matar estaba la cieguita de la otra cuadra de mi casa, de la calle Santiago. A ellos los mataron en Monje y según me contó Hugo Cardozo antes de morir de cáncer cuando vino a mi casa hace ocho meses atrás, a los veintisiete los enterraron en una finca de Rolón en Santa Fe. Con todo eso la fiscal Tessio le pidió a Sutter que me hiciera declarar con el juez de Santa Fe y no hizo nada.

-¿Qué participación tuvo Jorge Walter Perez Blanco en la represión?

-Y era el jefe de la sección Calle, era el que llevaba a toda la gente, el que los hacía detener y el que los entregaba. Estuvo mucho tiempo también trabajando en La Calamita.

-¿Qué otros trabajaron junto con usted en La Calamita?

-Armando Pelliza, uno que vive en Deán Funes 1729/31. Ese es otro que era igual que yo, pero era del grupo que iba en el avión donde yo no iba. La verdad es que quería ir pero nunca me llevaron. Es uno de los integrantes del grupo que arrojaba gente del avión. El que manejaba todo ahí era el teniente coronel Marino González que vive en Santa Fe alias Pepe. Fíjese que yo denuncio ante Sutter Schneider la desaparición de los enfermeros del Sanatorio Plaza, que los secuestra el teniente coronel Riegé, y digo cómo los llevaron, dónde los llevaron, qué auto me hicieron manejar a mí, qué capitán iba con nosotros. Y lo único que ha hecho el juez es hacerme coautor a mí.

-¿Quiénes eran sus jefes en La Calamita?

-El jefe del Destacamento era el coronel Pozzi, pero nunca estaba. El que estaba al frente de todo era el teniente coronel Guerrieri, después Fariña que era capitán ascendido a mayor, y el teniente coronel Marino González, y después había un par de sargentos, y el encargado de la Patota de nosotros era el sargento Mario Vera. Todo esto lo entregué en el juzgado y tampoco lo citaron.

-¿Cuál era la articulación entre el Ejército y el Personal Civil de Inteligencia?

-Nosotros estábamos a disposición de ellos como empleados, nosotros nos presentábamos a trabajar y ellos tenían diagramados todo lo que había que hacer, así que salíamos en los autos con ellos a detener a Fulano o a Mengano. Ellos sabían dónde los iban a detener porque los detenidos que tenían trabajando para el Ejército les daban los datos y hacían contacto. Quiere decir que los mismos compañeros los entregaban, entonces los hacían hablar por teléfono y arreglaban el encuentro. Así que los largaban pero en cada una de las esquinas estaba el Ejército, así que cuando se encontraban los chupaban a los dos.

-¿Por qué habría que creerle si usted declaró ante la justicia que en La Calamita había dos cuerpos enterrados y se excavó y no se encontró nada?

-Porque removieron la tierra y lo sacaron, eso no es culpa mía. Es lo mismo que lo que desmantelaron La Calamita y la desfiguraron completa, demolieron un montón de cosas que había. Pero además algo se encontró: hubo remoción de tierra en el lugar que yo había indicado, a un metro cincuenta se hallaron dos monedas del 77, algunos huesos que tiraron a propósito, pero lo que dice el antropólogo es que encontró una falange, que fue a análisis y no hay novedad de eso.

-¿Quiénes están enterrados en La Calamita?

-A mí, a Pagano, a Roscoe, a Bueno y a los dos Isachs nos obligan a que enterremos a Remo. Cuando vamos a hacerlo, yo no quería porque no le había tocado ni una uña a ese muchacho, a ese pobre pibe, que era un almita, chiquito, flaquito.

-¿Quién era Remo?

-Era un militante montonero que venía de San Juan. Lo llevamos para ver si deteníamos a otro, venía conversando con él y yo le decía que era devoto de la Difunta Correa. En la furgoneta venía atrás con él, y manejaba Bueno, al lado Pagano y atrás venía Rodolfo Isachs. Cuando llegamos a La Calamita lo bajan y le empiezan a dar como a un animal y lo matan. Lo mataron Porra, Armando Pelliza, Ariel López y Rodolfo Isachs.

-¿Están vivos los cuatro?

-Claro, están vivitos y coleando por la peatonal. ¿Sabe cuántas veces los habrá cruzado usted?

-¿Quién es Ariel Lopez?

-Alias Aldo, vive en barrio Rucci, le decían el Oreja, y supo ser mozo del Rilke. Después lo metieron de agente de inteligencia porque atendía a los milicos con las minas que estaban ahí.

-¿Quién es Porra?

-Es el Puma que vive en avenida del Rosario al 500 y estaba de pata de plomo en el boliche La Iguana (Roca al 700). Ahora está trabajando en la agencia de seguridad del “Petiso” Aguilar, otro que era agente de nosotros, era un servicio que caminaba con Pérez Blanco.

-¿Hay mucha gente libre con un pasado oscuro como el suyo Constanzo?

-Todos están libres, el único chivo expiatorio que está preso es Eduardo Constanzo.

-¿Qué pasó con los mellizos de Raquel Negro?

-A la chica embarazada, que era la mujer de Tulio Valenzuela, la internan en el Hospital de Paraná como sobrina de Galtieri, y la ubican en una habitación con dos camas, aislada, porque no querían que tomara contacto con nadie. Y pusieron a uno de nosotros de custodia las 24 horas. Así hasta que tuvo los mellizos, y me enteré que el nene había nacido muerto, y la nenita la entregaron Pagano y Amelong en un convento. Hay que averiguar en qué lugar fue por la fecha. Esto fue en el año 78, antes del Mundial. Y esa misma noche que mataba Isachs en La Intermedia, la trajeron a esa chica muerta desnuda en un auto Pujad 504.

-¿Qué pasó con la Operación México, que terminó con el funcionamiento de la Quinta de Funes?

-A la Quinta de Funes llevaron a la gente para levantar La Calamita porque ya estaba muy quemada. Pero en la Quinta de Funes fue una vida divina de todos los muchachos, la pasaron muy bien.

-Parece una tomada de pelo de su parte, porque era un centro clandestino de detención…

-No, lo dijo el Pelado Jaime Dri… Pero le cuento que la Operación México se dio cuando Tulio Valenzuela, el papá de los mellizos, tenía una reunión con Vaca Narvaja y Firmenich que bajaban de Italia. Así que Valenzuela los iba a entregar a los dos en México, a Fariña, a Amelong y al Barba Cabrera, que viajaron. También fue el montonero Nacho con ellos. Todos viajaron con pasaporte falso, y cuando llegaron los dejaron libre para que fuera a la reunión, pero se asusta y va al diario y dice que han venido militares a matar montoneros a México. Y se arma el gran revuelo, así que tiene que “pirar”, pero a dos los meten presos: a Amelong y a Nacho, el montonero. Después los ponen a los cuatro en la frontera y los largan.

-¿Por qué niega Amelong haber participado de ese operativo?

-Lo niega porque es un cobarde, antes eran el lobo feroz, y ahora quieren aparecer como Caperucita Roja. Pero son además de cobardes, ladrones, delincuentes, porque no han dejado casa sin saquear.

-¿Quiénes se enriquecieron robándoles a los mismos que torturaban y mataban?

-Un día allanan dos armerías en Rosario. Uno de los armeros era Sánchez de apellido, y el otro murió. Y lo hicieron solo para saquearle la armería, le sacaron todo. Todavía no sé si uno de ellos tiene un aplique de cuernos de ciervos, que se había llevado de allí.

-Cualquiera que lo escuche piensa que usted por lo que dice nunca mató a nadie…

-Es verdad, nunca maté a nadie, y lo digo con la frente bien alta.

-¿Está seguro?

-Solo una vez en una pelea en Tucumán, pero fue una cuestión personal, porque me dieron cuatro tipos una paliza bárbara y me defendí. Esa no fue una cuestión del Ejército porque nadie me lo había ordenado. Esa fue una desgracia que he tenido en la vida y la pagué con cárcel.

-¿Y tampoco torturó a nadie?

-No, porque nunca me autorizaron, ni me dieron órdenes aunque yo no quise tampoco, jamás me dieron orden. Estaba la gente organizada para eso.

-¿Por qué tiene miedo que lo maten para que no declare? ¿No dijo ya todo lo que sabe?

-No, hay muchas cosas que no están. Hay cosas en los papeles. Incluso le digo más, estoy excarcelado por la Cámara de Casación. Pero cuando llegó ese fallo el juez Sutter Schneider, separó las causas, me dio la libertad por Fábrica de Armas y me la negó por la causa Guerrieri.

-¿Por qué no cuenta dónde están los cuerpos de los desaparecidos como lo están esperando sus familiares?.

-Los tiraron a la bahía de Sanborombón y se los comieron los tiburones. Los tiraban del avión, salvo a los 27 que llevaron a Monje y los mataron en el chalet de Ricardo Rodríguez Alex Patiño, que tenía una wiskería en la calle Maipú. A ellos los enterraron en la finca del coronel Rolón. Todo eso lo declaré ante el juez, al igual que la bomba que me mandó a poner Rubeo, que me trajo el trotyl, al diputado Perreta, que no sabía quién era, porque no le quería votar en la Asamblea Legislativa como senador a (Luis) Rubeo. Fue en el año 87. Fuimos con Pagano y le pusimos la bomba. De esto me arrepentí, tanto como ayudarle a otro a que le desarme un auto robado.

Fuente: Rosario/12, 12/01/08

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