Este viernes declararon tres testigos: dos enfermeras de Terapia Intensiva del nosocomio de avenida Ejército y un militar retirado. Las dos primeras ratificaron que los bebés de Raquel Negro fueron registrados como NN y aseguraron que Zaccaría tenía pleno dominio sobre lo que pasaba en su servicio. El restante buscó desligarse de los hechos diciendo que cuando ocurrieron estaba destinado en Concordia.

por Alfredo Hoffman (especial para Mesa Juicio y Castigo)

 

Foto: Gustavo Vaccalluzzo

En la sexta jornada del juicio oral y público por la causa Hospital Militar, dos enfermeras de Terapia Intensiva ratificaron –por lo que les contaron sus compañeras de trabajo– que los bebés de Raquel Negro fueron registrados como NN y aseguraron que el imputado Juan Antonio Zaccaría tenía pleno dominio sobre lo que pasaba en su servicio. Además, un militar retirado buscó desligarse de los hechos diciendo que cuando ocurrieron estaba destinado en Concordia, pese a que no había dicho lo mismo durante la etapa instructoria.

La audiencia se desarrolló nuevamente sin la presencia en la sala del represor Walter Pagano, quien prefiere permanecer en otra dependencia del edificio de los Tribunales Federales de calle 25 de Mayo. Además de Pagano y Zaccaría son el Tribunal Oral Federal de Paraná juzga a Pascual Guerrieri, Juan Daniel Amelong, Marino González y Jorge Fariña, por los delitos de sustracción de menores y sustitución de identidad.

La primera en declarar fue una enfermera de Terapia Intensiva que comenzó a desempeñarse en esa unidad en 1975 y lo continúa haciendo en la actualidad. En aquella época su jefe era Zaccaría.

“En realidad, yo no vi nada, sí senti comentarios, porque en esa época trabajábamos tres semanas y teníamos una de franco y si eso aconteció fue cuando yo no estaba o estaba de vacaciones”, dijo la trabajadora. “Cuando me reintegré escuché los comentarios. Yo era muy jovencita, no me llamó la atención. En esa época era toda getne relacionada con el Ejército la que se atendía”. Mencionó que los turnos eran rotativos y que no recuerda quién la reemplazó esa semana.

De todas maneras, consideró que “no era normal” la internación de bebés en Terapia Intensiva. “Había partos pero nunca iban a Terapia. Escuché que había una incubadora con dos bebés. No escuché quién era la mamá”.

Dijo que comentarios sobre los bebés “los hicieron las chicas” en referencia a las enfermeras que los atendieron. “Me dijeron que los llevaron, no sé adónde, a un lugar especializado”, indicó. Dijo que al menos tres enfermeras le hicieron esos comentarios.

“Nunca hubo bebés en Terapia, salvo esa vez. El comentario era que eran un varoncito y una nena”, acotó.

“Entre los comentarios que se escuchaban me dijeron las chicas que estaban anotados como NN en la planilla y que como les daba mucha lástima les pusieron Soledad y Facundo”, contó emocionada.

“Zaccaría supervisaba todo. Cada una se hacía responsable de sus cosas, pero él era el que ordenaba, era nuestro jefe”, dijo sobre el rol del imputado. “Zaccaría tenía conocimiento de los ingresos y egresos de la sala, por supuesto, era su función”, insistió.

Aunque dijo que en esa unidad “cada paciente tenía su ficha” y “venía derivado con su historia clínica”, aseguró que no pudo ver las fichas de esos bebés.

En otro pasaje relató cómo era trabajar en el hospital durante la dictadura: “No se podía hablar mucho. Yo entraba a las 12 de la noche. Al llegar a calle Alvarado, te identificaban, te acompañaban, tenías que entrar y no moverte de tu lugar, todo medio a oscuras. A la noche salíamos y había muchos soldados haciendo la conscripción”.

“A veces me quedaba sola a la madrugada y sentía mucho movimiento de autos, algunos gritos al fondo, donde había unos galpones. Los gritos era como que los castigaban. No nos llamaba la atención, yo no sabía que pasaba”, agregó.

Sobre los médicos Alfredo Berduc y Juan Ferraroti, dijo que “hacían guardias de 24 horas” y que siempre “estaban persentes en Terapia”.

 

Fariña, Pagano y Zaccaria. Fotos: Gustavo Vaccalluzo

 

“Nunca pudo ingresar alguien sin conocimiento de Zaccaría”

Otra enfermera de Terapia, que también ratificó que Zaccaría era su jefe, dijo que en esa época estaba con parte de enferma, pero cuando volvió, en marzo de 1978, escuchó que habían nacido los mellizos, un varón y una mujer.

“Lo único que escuché fue que habían nacido y lo habían llevado al Instituto del Niño. Con respecto a la madre nunca escuché nada”, dijo.

Luego precisó que escuchó que el varón tenía problemas de salud, pero no que los habían llevado a Terapia Intensiva. De todas maneras, confirmó que las enfermeras de ese servicio tuviero contacto con los niños. Creyó recordar que “uno había muerto”.

“Zaccaría era el que nos dorigía a todos nosotros, era el jefe, el que decidía qué medicación había que hacer. Nunca pudo ingresar alguien a Terapia sin conocimiento del doctor Zaccaría, porque había una historia clínica de cada paciente, donde decía la evolución del paciente, identificado con nombre, apellido, edad, fecha de nacimiento y el diagnóstico y qué médico lo había derivado a terapia intensiva”, recordó la mujer.

Pese a esas reglas, esos bebés no tenían identidad: “Las chicas les habían puesto nombres, porque no tenían nombre: a la nena Soledad y al nene me parece que Facundo”.

Versión cambiada

El testigo Hugo José Gutiérrez, militar retirado, declaró en último término. Primero dijo que en 1978 era encargado de la sala 1, donde tenía bajo su órbita seis de las ocho habitaciones, ya que la 1 y la 2 dependían directamente de la sala de operación y de Terapia Intensiva.

Sin embargo, a los pocos minutos dijo que no estaba en el noscomio al momento de los hechos. “En el 77, si mal no recuerdo fui comisionado a Concordia para integrar la formación de un regimiento por el caso Chile, hasta el 79. No sé quién se hizo cargo de la Sala 1 en ese periodo”.

Esto no lo había dicho en su declaración en la instrucción, lo cual fue marcado por la querella. En aquella oportunidad no había mencionado su ausencia durante los hechos investigados. “Ahora lo recuerdo, antes no”, se defendió.

El Tribunal le advirtió que podía ser imputado del delito falso testimonio, ya que resultaba “extraño que no lo haya dicho antes y que se acuerde ahora”, le dijo el presidente, Roberto López Arango. Luego insistieron los jueces en preguntarle si estuvo o no en el Hospital Paraná ese año, pero Gutiérrez se mantuvo en su nueva versión.

El fiscal José Ignacio Candioti pidió que el Tribunal remitiera un oficio a los efectos de corroborar efectivamente en el legajo del testigo, si prestaba funciones en Concordia en 1978. El Tribunal no hizo lugar al pedido de la Fiscalía.