El juicio por robo de bebés en el Hospital Militar de Paraná continuó con la palabra de los hijos de la militante desaparecida Raquel Negro. Sabrina interpeló a los represores para que “rompan el pacto de silencio” y aporten datos para dar con el paradero del mellizo varón. El médico Ferraroti dijo no recordar su intervención en el traslado de los bebés al IPP, salvo por lo que le contó una enfermera. El Tribunal le advirtió que el delito de falso testimonio también comprende a la omisión de decir lo que se sabe.

por Alfredo Hoffman (especial para Mesa Juicio y Castigo)

 

El Dr. Lopez Arango (centro) y la Dra. Lilia Carnero, integrantes del Tribunal. Foto: Pablo Churruarín

La cuarta audiencia del juicio por la causa Hospital Militar contó con los conmovedores relatos de los hijos de la detenida desaparecida Raquel Negro, Sabrina Gullino y Sebastián Álvarez, quienes dieron testimonio de los sufrimientos que les produjeron y todavía les producen los delitos de sustracción de menores y sustitución de identidad por el que son juzgados en Paraná Pascual Oscar Guerrieri, Juan Daniel Amelong, Walter Salvador Dionisio Pagano, Jorge Alberto Fariña, Marino Hector González y Juan Antonio Zaccaría.

En la segunda parte del debate declaró el testigo Juan Ferraroti, todavía hoy médico del Hospital Militar, y no aportó datos a la investigación. Según relataron trabajadores del nosocomio, él fue uno de los que intervinieron para trasladar a Sabrina y su hermano mellizo al IPP cuando los encontró en el servicio de Terapia Intensiva, un lugar no apto para recién nacidos. Este profesional dijo no recordar esos acontecimientos, aunque aclaró que los daba como ocurridos a partir de lo que le contó una de las enfermeras. Ferraroti se ligó un reto de uno de los miembros del Tribunal, que le advirtió que el delito de falso testimonio comprende a la omisión de decir todo lo que sabe.

La jornada comenzó con la lectura del informe sobre el estado de salud del represor Eduardo Costanzo, quien debía declarar como testigo pero se excusó por problemas de salud. El médico forense del Tribunal Oral Federal de Rosario –Costanzo se encuentra en esa ciudad con prisión domiciliaria– constató que tiene un cuadro de diverticulitis aguda, que le produce diarrea, dolor abdominal, pérdida del apetito y mal estado general. Este ex agente civil de Inteligencia, que ya dio detalles de la internación de Raquel y del robo de los bebés, podría declarar la semana que viene.

Luego el Tribunal rechazó el planteo de nulidad de Amelong contra la decisión de que se retirara de la sala cuando Guerrieri realizó su declaración indagatoria, por considerar que eso no le impidió ejercer su defensa material.

 

La interpelación de Sabrina

Sabrina Gullino al finalizar su declaración. Foto: Pablo Churruarín

“Conozco personalmente a cuatro de los imputados: Guerrieri, Amelong, Pagano y Fariña. Los conozco de la causa Guerrieri, donde se los juzgó por los secuestros y tormentos de mis papás biológicos y de mi hermano Sebastián. Eso no me va a impedir decir la verdad”. Así comenzó su testimonio Sabrina Gullino, ante una sala repleta de familiares, amigos y miembros de organismos de derechos humanos que se acercaron para brindarle su apoyo.

Primero hizo el relato del proceso de la restitución de su identidad: “Tomo conocimiento de que Edgar Tulio Valenzuela y Raquel Ángela Carolina Negro son mis padres biológicos en noviembre de 2008. Soy hija adoptiva de Raúl y Susana Gullino y hermana de Carla Gullino.Siempre supe que era hija adoptada, en noviembre de 2008 tengo la decisión de hacerme el ADN, y esa misma semana me comunico con el responsable de Abuelas y a los tres o cuatro días viajo a Ramallo, mi pueblo. Eso fue así como una casualidad, porque mi mamá, que estaba probando el celular, me mandó un mensaje que decía ‘qué hacés el domingo’ y me voy a almorzar con ellos. Mi mamá dice que no me estaba invitando, que estaba probando el celular. Ese día a las cinco o seis de la tarde suena el timbre en mi casa, era un cabo de la Policía Federal en una motito, con un papelito que decía que Susana y Raúl estaban citados a declarar en la causa ’Trimarco y otros’. Me dijo que era algo que tenía que ver con narcotráfico y secuestro de personas. Le digo: ‘vos tenés una novia acá en Ramallo, por eso estás acá un domingo’. Me dice que no, que era algo serio. Me niego a firmar y entro con el papel a mi casa. Le dije a mi papá: ’Es algo serio, es federal’. Y me dijo: ‘Debe ser que con tu mamá hace 20 años chocamos en Paraná y debe ser Trimarco una aseguradora’. Le digo que no, que esto es serio. Carla dice: ‘vamos a buscarlo en internet’. Ponemos en internet y empiezan a salir un montón de noticias que decían que el represor Trimarco tenía Alzheimer, y otra que decía que el Tucu Costanzo había declarado en el 2006 que a Raquel Negro la habían llevado a dar a luz al Hospital Militar de Paraná, ingresada como sobrina de Galtieri, y había dado a luz a mellizos, que el varón nació muerto o falleció poco después de nacer, y la fue beba abandonada en un convento de Rosario. Fue la primera vez que escuché hablar de Raquel y Tulio”.

“Le pregunté a mi papá si la adopcion era legal y dijo que sí, que me quedara tranquila. Les dije: ‘si me tienen que decir algo que me lo digan ahora, yo los voy a acompañar a Paraná, pero si me están mintiendo no los hablo nunca más’. Ese domingo volví a Rosario, busqué fotos en internet, a ver si era parecida. No sabía que había una línea de investigación en Paraná, pensaba que estaban citando a muchos chicos de una franja de edad. Ese lunes llamé a Paraná, cuando dije ’hola, habla Sabrina Gullino’ me empezaron a pasar con el superior, y digo ‘bueno, sonamos’. Me atiende la secretaria de la jueza Galizzi, me dice que yo también estaba citada. Le digo: ’si es por el ADN, yo ya me lo iba a hacer, así que si quieren tengan un bioquímico que me saque sangre’”.

“El martes me pasan a buscar mis viejos por mi casa, entraron por el pasillo y mi papá que es siempre muy optimista, me hace un chiste, entran se sientan y me dicen: ’te queremos decir algo’. Cuando ellos se casaron se fueron a vigir a Ramallo y estuvieron cinco años sin poder terner hijos y se inscribieron en el juzgado. Y había pasado un año y un día vieron por televisión, en el noticiero de Rosario, que habían dejado una bebé abandonada en el Hogar del Huérfano y mi papá le dijo a mi mamá: ’¿No nos darán esa bebé a nosotros?’ Estaba la madre superiora y se veía la cunita. A los dos o tres días dicen del Juzgado que había una bebé. El juez le dice que está en el Hogar del Huérfano. Me van a buscar ahí, las monjas me habían puesto María Andrea. Mis papás me piden perdón, porque ellos nunca pensaron que podía ser hija de desaparecidos. No me dijeron la parte del hogar para evitar la figura de la nena abandonada. Ahí entendí que la investigación era dirigida a mí”.

“Ese día viajamos los cuatro, porque mi hermana se había pedido el día en el trabajo. Llegamos a Paraná. Pensaba que los chicos de HIJOS iban a estar tirándonos huevos; después los conocí y nada que ver. No sabía con qué me iba a encontrar. Cuando llegué acá nos atendieron muy bien. Me hicieron el ADN, entré a declarar y me mostraron fotos de mi mamá Raquel. Quería ver si era parecida. Me acuerdo que cuando salí estaba mi mamá Susana, mi papá y mi hermana mirando la carpeta con las fotos y mi mamá me dice: ’sos igual a tu mamá’. Me pareció supertierno que mi vieja diga así”.

“Ahí empezó la espera del resultado del ADN, ahí me explicaron a qué se debía la causa. Me enteré que había sido iniciada por el Mencho Germano, en el 2005, que se llamaba ’Guillermo Germano s/su denuncia’ al principio; que en un primer momento era una idea tirada de los pelos pensar que en el Hospital Militar existía una maternidad clandestina. Y me enteré de que podía tener un hermano un año y medio más grande que yo, que me estaba buscando”.

“Ese día, que era el 25 de noviembre de 2008 me contaron de Tucho y de Raquel, de mi hermano Seba, de mis tíos. Y esperamos veintipico de días el resultado del ADN. Mi hermano trabaja en la Secretaría de Derechos Humanos (de Santa Fe) y tengo una amiga que también trabaja ahí, que me dijo: ’vos podés ser la hermana de Seba, él trabaja conmigo’. Me había conseguido una foto del Seba y todos los días –pensando que se había filtrado la información– salía de mi casa, me paraba en la puerta y miraba si había un chico espiándome. Y no estaba, porque no se había filtrado la información”.

“Cuando me dan el resultado, me dicen que mi sangre en un 99,9999% pertenecía al grupo familiar Valenzuela-Negro, lo llamo para hablar con él y había salido a hacer un trámite. Al ratito me llama Nadia Schujman y me da el teléfono y me dice: ’recién le están diciendo, llamalo’. Lo llamé y me dice: ’¿qué hacés negrita?’ ‘Nada, te llamo, ¿que hacés?’, le contesté. ‘Estoy encerrado en el baño llorando. Esta tarde tengo que ir a Rosario’. ‘Bueno, venite a mi casa, pero vení solo’. Ese día estuve encerrada esperando que llegara y cuando suena el timbre y voy caminanmdo por el pasillo digo ’bueno, es la primera vez que voy a ver a alguien de mi sangre’. Ese fue un momento importante de mi vida”.

“Los reos que están sentados ahí atrás –me enteré que se les puede decir reos y no es un insulto–, esos señores, reos, son los responsables del secuestro de mi mamá y mi papá y del secuestro de mi hermano Sebay quisieron destruir a nuestra familia. Quiero que quede claro que no pudieron. Que seguramente a mi hermano le debe haber costado un montón su infancia y que a mí me cuesta un poco no haberlo podido acompañar y no haberme hecho antes el ADN”.

“También tengo mi otro hermano Matías, hijo de Tucho con una pareja anterior. Los tengo acá presentes porque están implicados en esta historia. Y quiero decirles a estos imputados que no han podido, y acá hablo en nombre mío y de mi hermano mellizo, que está desparecido, que mientras él no esté se sigue cometiendo el delito; les digo a los señores que están atrás, que si se atreven a romper un poco su pacto de silencio, como hizo Zaccaría la semana pasada y dijo que sí tenía conocimiento de que había habido otros partos en el Hospital Militar, y eso da cuenta de que la hipótesis inicial del Mencho que al principio parecía traída de otra dimensión, ahora cobra fuerza; les quiero decir que seguramente saben qué paso con mi hermano mellizo, la condena la van a tener, pero podrán participar de otra manera en la historia”.

El fiscal José Ignacio Candioti le hizo una pregunta formal: “¿Usted la conoció a su madre bologica?”, que la hizo reconstruir lo sucedido hace 34 años en el Hospital Militar: “Yo la debo haber conocido pero no me acuerdo. Cuando leí la noticia del represor Costanzo y cuando tomo contacto con la gente que me rodea, a partir de 2008 que estoy con mi hermano, tomo conocimento de que mi mamá Raquel fue secuestrada el 2 de enero de 1978 junto a Tucho Seba por la patota de Rosario. Fueron llevados a la Quinta de Funes y se plantea la situación de que Tucho tenía que realizar la Operación México y tenía que viajar a marcar a la cúpula de Montoneros. Y mi mamá quedaba como rehén con la panza con los mellis. Eso también lo leo en el libro de Bonasso Recuerdo de la muerte. Piden estar una noche juntos y acuerdan que van a simular. Negocian que el Seba iba a estar con los abuelos maternos. Tucho va a México, a mi mamá la llevan a la escuela Magnasco y después a La Intermedia y de ahí la llevan a hacer unos controles al Hospital Militar de Paraná. Eso también me lo cuenta Jaime Dri, a quien visité en Panamá, que mi mamá le dice ‘esperame, Jaime, que nos fugamos juntos. Después le adelantan el parto. Eso me cuenta Jaime. La llevan a Paraná y después ya no vuelve. Pero Jaime me cuenta que él ya estaba en la ESMA, que viene un soldado, no sé, le dice ‘podés creer que el hijo de puta de Tucho encima tuvo mellizos’. No le dijeron que murió uno de los bebés”.

“Tomé conocimiento de que la ingresan los primeros días de marzo a dar a luz en Paraná. Algunas enfermeras nos atendieron y nos contaron que tenía siempre dos camitas en la sala 1, creo, que estaba siempre custodiada, que afuera estaba muy custodiado el hospital, tenía movimientos muy distintos a lo habitual, que ellos sabían que había una subversiva –lo digo entre comillas–, que había moviminetos raros, que ella da a luz a mellizos entre el 3 y el 4 de marzo. Una enfermera nos dijo que nos atendió, nos vistió. Yo le pregunté si se acordaba si el melli estaba en malas condiciones de salud. Dijo que no lo recuerda, que se acordaba que teníamos buen peso, que nos habían dejado solos, que a las enfermeras les daba pena que estuviéramos solos en Terapia Intensiva y que nos habían puesto de nombre Facundo y Soledad, que al otro día cuando volvió ya no estábamos más”.

“Me gustaría darles mi reconocimiento en nombre mío y de mi familia a las enfermeras, porque ellas se la jugaron cuando empezó esta causa. Era difícil porque cumplían órdenes y ellas se pusieron al hombro la verdad y aportaron datos a la Justicia y fueron dando mucha fuerza a la causa. Muchas gracias por la colaboración”.

Luego le preguntaron si tenía algún dato sobre el paradero de su hermano mellizo.

“Desde abril de 2009 que me constituí como querellante en esta causa, viajamos seguido a Paraná y vamos entrevistándonos con posibles testigos y siguiendo pistas, abriendo puertas para ver si lo encontramos. Hay dos hipótesis: la del bebé muerto y la del bebé vivo. De la primera, está el testigo de identidad reservada que dice que a un bebe la habían enterrado, se hizo la excavación en el hospital y el antropólogo me aseguró que donde él excavó –incluso que agrandó el perímetro a ocho metros más de lo que dijo el testigo– no había ningún elemento que pudiera dar cuenta de un bebé, ni siquiera una mantita. Esta hipótesis fue perdiendo fuerza, porque ninguna de las enfermeras y del personal vio al bebé muerto, al contrario. Como habíamos nacido en la clandestinidad, en condiciones que no eran las mejores, mi mamá estaba estresada y le habían adelantado el parto, el bebé tenía problemas respiratorios y nos derivaron al Instituto privado de Pediatría. En el acta de ingresos y egresos aparezco como Soledad López y el melli seis días después, el 10 de marzo, como NN López .Y lo más importante acá es que los dos tenemos fecha de egreso, tenemos el alta médica, el 27 de marzo de 1978. Me llama mucho la atención que los médicos dueños del IPP, Ángel Schroeder, David Vainstub, Jorge Eduardo Rossi y Miguel Torrealday, no se acuerden, siendo que esa institución tenía cierta jerarquía, era privada, no es un hospital público donde no importa si nadie lo va a pagar. Están ingresados dos bebés, sin tutor, sin obra social, con un costo, porque al lado hay un costo: cómo puede ser que los médicos –esa institución hacía poco que había abierto– no recuerden que había dos bebés en esa situación que ingresaron y egresaron, no tenían ni mamá ni papá que los iba a ver. Hay enfermeras que atestiguaron que las mujeres de los médicos venían a ver a uno de los bebés porque tenían estas características de ser hijo de subversivos, lo digo entrecomillas. Me resulta dudoso que no recuerden nada de qué pasó con esos dos bebés”.

El abogado querellante Álvaro Piérola le preguntó cómo es su vida a partir de que conoce su origen biológico y cómo repercute la búsqueda de su hermano mellizo. Pensó durante varios segundos la respuesta: “Acá se los está acusando a ellos de la sustracción de menores y sustitiución de identidad. Yo fui criada en una familia que son unos amores totales, yo los adoro, son una masa mis viejos y mi hermana. Pero lo cierto es que cuando uno se pone a ver cómo es la identidad, que es algo que se va constituyendo todo el tiempo, lo cierto es que soy el resultado de dos imposibilidades. La primera, que yo tendría que haberme criado, crecido con mi hermano mellizo, con Sebastián, con Tulio y con Raquel. Quizás no me llamaría Sabrina. La segunda es que yo tendría que haberme criado con Sebastián, me tendrían que haber devuelto con mis abuelos biológicos, con mi tío, y con mi hermano mellizo. Cuando pienso en esto veo cómo me cambia la vida. Como si en un libro te dieran el primer capítulo que faltaba; cambia todo el libro. Si bien la obra era más o menos buena, cambia”.

“También me parece interesante esto que sucede hoy: que estemos acá. Me parece alucinante tener a todos los chicos, al equipo jurídico, y decirle también a Amelong y a Pagano (los miraba a los ojos a los dos represores), que son los que me llevaron en el auto y me dejaron abandonada en el convento, que seguramente no se deben arrepentir de haber secuestrado a mis viejos, pero seguramente deben estar arrepentidos de que no me tiraron al río, porque miren todo lo que está pasando, porque 33 años después se los está juzgando, porque para la historia de un país 33 años no es nada. Aunque para la vida de una persona sí es mucho tiempo, porque yo no pude conocer a mis abuelos, a mi familia”.

Al finalizar, hizo la última interpelación: “Quiero decirle a la sociedad paranaense que si tiene algún dato para aportar, que lo haga, que este tiempo es muy intenso y que creemos que el melli está vivo y que lo vamos a encontrar”.

Se retiró con efusivos aplausos en las dos salas, en la que es sede del juicio y en la que está destinada para la prensa. En ambas, el relato había sido seguido con atención, con emoción y en absoluto silencio.

 

La palabra de Sebastián

Sebastián Alvarez en la puerta del juzgado. Foto: Pablo Churruarín

Luego de Sabrina fue el turno del testimonio de Sebastián Álvarez, el hermano mayor, hijo de Raquel y su primer marido, Marcelino Álvarez. Dijo que conocía a los imputados de vista, del juicio que los condenó en Rosario y donde también declaró. Ante las preguntas introductorias de los fiscales recordó que vivió un año y ocho meses con su mamá y repasó cómo fue incorporando esa ausencia a medida que fue creciendo: “Fuimos secuestrados en Mar del Plata el 2 de enero, fuimos llevados a la Quinta de Funes, permanecí una semana detenido y después fui trasladado a la casa de mis abuelos maternos. Mi madre sigue detenida ahí y luego fue trasladada a la escuela Magnasco, después a La Intermedia hasta ser trasladada a Paraná a dar a luz en el Hospital Militar”.

“Primero mis abuelos maternos empezaron con la búsqueda de los bebés, a reunirse con gente de Abuelas. Estela de Carloto había ido a la casa de mis tíos cuando yo era adolescente, tenía 14, 15 años. Yo en ese momento no intervine directamente en la búsqueda. Con el correr de los años comencé a tener contacto con compañeros de la agrupación HIJOS, con la comisión Hermanos, y la asociación Arhista, que trabajan con ellos. Fuimos a dejar la sangre mía al Banco de Datos Genéticos, me acompañaron hasta allá. Empezamos a hilar y a investigar, tuvimos una reunión con Estela de Carloto en Santa Fe; vino luego ella a Paraná y se entrevistó con Torrealday del IPP y a partir de ahí comenzamos a tener conocimiento de que los chicos habían sido trasladados a ese instituto por una planilla que le entrega Torrealday a Estela, donde dice que mi hermana ‘Soledad López’ ingresa el 4 de marzo del 78, mi hermano seis días después, como NN López, los dos provenientes del Hospital Militar. Hay seis días que no sabemos dónde está nuestro hermano. Están ahí hasta el 27 de marzo y son de nuevo sacados, sin ninguna firma de ningún responsable. Los retiran a los chicos del Instituto y no sabemos adónde llevan a nuestro hermano. Sabemos que a Sabri la llevan al Hogar del Huérfano y posteriormente la dan en adopción. Creo que la fecha que egresan de acá de Paraná, es la misma que aparece en el hogar, el 27 de marzo. Nuestro hermano no sabemos dónde está y a Sabrina pudimos encontrarla”.

“Los médicos Berduc y Ferraroti los vieron a los chicos. Esto lo sabemos por declaraciones que nos prestaron valientemente las enfermeras del Hospital Militar y del IPP. Prácticamente todas recordaron el caso bastante bien, lo tenían presente. Hay comentarios de que nuestro hermano tenía algunos problemas al nacer, había un comentario de que había fallecido. Quedó claro que por lo menos en esos días no falleció, porque egresan los dos juntos del IPP y no hay partida de defunción ni nada que acredite que haya fallecido”.

“Apelamos a que los dueños del IPP y la gente que trabajaba en el Hospital Militar colaboren y digan qué pasó, porque hay claras diferencias entre las enfermeras que todas recuerdan el caso y los doctores que no lo recuerdan. Con esto sacamos como conclusión que existió la complicidad civil de la dictadura, hay un silencio sobre lo que pasó con los chicos”.

“Hay esposas de médicos del IPP que iban a verlos, no sabemos si había un interés particular. Queremos que estos doctores que son tan conocidos en Paraná recuerden algo y puedan colaborar para que podamos encontrar a nuestro hermano”.

Luego recordó las cartas que Tulio envió desde Amsterdam –luego de desbaratar la Operación México–, una dirigida a sus abuelos y tíos y otra dirigida a él, donde contaba las circunstancias del secuestro y decía que tenía esperanzas de que los bebés se pudieran criar con él y los familiares y “no que se las agarraran con niños recién nacidos, lo cual habla de lo macabro que fue la dictadura”. Y agregó: “Sabían dónde vivíamos, tranquilamente podían haber dejado a los chicos con nosotros”.

“No tengo precisión exacta de cuándo tomé conocimiento de que tenía hermanos, pero fue un tema que me lo contaron cuando tenía 12 o 13 años. Creyeron mis familiares que ya podía entender. Mi reacción fue decir ‘vamos a buscarlos, ¿dónde están?’. Me dijeron que no se sabía, que había que hacer una investigación. Recién pude afrontar el tema unos años posteriores, cuando empecé a tener contacto con compañeros que tenían más o menos la misma historia que yo. Ahí pude empezar a armar este rompecabezas”.

“A Sabrina la conocí el 23 de diciembre de 2008. Nos conocimos y nos quedamos todo el día hablando, toda la noche. Yo contando lo que había sido la historia de su familia, que no había conocido durante esos 30 años que había estado con otra identidad. Fue una alegría enorme poder encontrarla y me sirve de apoyo y me da mucha fuerza para encontrar al otro hermano. Uno es pesimista y piensa que todo es muy difícil y desde que la encontré a ella cambió mi manera de ver las cosas y surgió la confianza para poder encontrar al otro hermano”.

“Después que nos dieron el ADN fuimos a buscar al Mencho Germano, que había sido el que denunció y creó esta causa ,y a través de Alicia Dasso se contactó conmigo y creamos una relación y pudimos avanzar para que hoy podamos estar acá. Fuimos con Sabri a conocerlo; lastimosamente ya no está con nosotros, pero nos dejó el juicio, nos dejó a mi hermana, que para él fue lo más importante que había logrado”.

“Sabrina es mi hermana y es mi apoyo, es la fuerza que necesitaba para poder seguir con esta historia”.

Finalmente, antes de retirarse también aplaudido por las dos salas, Sebastián también intentó hacer un llamado para despertar la conciencia de aquellos que tienen datos y todavía no los han aportado a la Justicia. “Quería pedir por favor a toda la gente que era responsable del Hospital Militar y del IPP y del hospital San Roque, porque pensamos que los seis días que el mellizo no estuvo en el IPP pudo haber ido al San Roque, si recuerda el caso que se acerque, que nos ayude. A la gente responsable del IPP, del Sanatorio del Niño, administrativos, enfermeras, médicos, pediatras, que colaboren con esto, que necesitamos que se sepa. Creemos que puede haber otros papeles que indiquen la historia clínica del chico, si tenía problemas. Nos comentaron que se grababa la historia clínica de cada chico de Neonatología, se podría aportar como prueba. Alguna otra anotación, la gente que pagó por la internación de los chicos en el IPP, que recobren la memoria, que necesitamos saber qué fue de nuestro hermano”.

 

Desmemoria y problemas en la vista

El médico Ferrarotti trabajaba en el Hospital Militar. Foto: Sergio Ruiz

En tercer turno declaró como testigo el médico Juan Ferratoti, quien se desempeñaba en Terapia Intensiva del Hospital Militar –todavía sigue trabajando allí– y, según relataron enfermeras, fue uno de los que intervino para trasladar a Sabrina y su hermano mellizo al IPP cuando los encontró en el servicio donde trabajaba, no acondicionado para recién nacidos. Este profesional dijo no recordar esos acontecimientos, aunque aclaró que los daba como ocurridos a partir de que lo contó una de las enfermeras.

“No recuerdo específicamente la presencia de bebés en la sala de Terapia Intensiva. Cuando la doctora (Marina) Barbagelata (ex abogada querellante) me llamó, hablé con algunas enfermeras y me dijeron que una mañana que yo tomaba mi guardia, había dos bebes y pedí que los llevaran a otra clínica. Me dijo que a los chiquitos lo habían llevado a no sé dónde”, sostuvo.

“¿El hecho lo da por ocurrido en base a lo que le refrescó la testigo?”, le preguntó Roberto López Arango, presidente del Tribunal, buscando precisiones. “Imagino que sí, no recuerdo qué pasó pero la enferma con la que hablé me dijo que fue así y no tengo por qué dudar de que fue así”, respondió.

Uno de los momentos de mayor tensión se podujo luego de que Ferraroti dijera que nunca había visto mayor movimiento de militares de lo habitual, en contradicción con lo afirmado por testigos respecto de los días en los cuales estuvo internada Raquel Negro. A partir de eso la jueza Lilia Carnero le preguntó si tenía “algún problema de vista”, ya que le llamaba la atención esa contradicción, y le recordó que si omitía información podía incurrir en el delito de falso testimonio.

—No tengo ningún problema de vista –dijo el médico, y se defendió diciendo que había que ver cuándo y dónde se había notado esa cantidad inusual de militares.

—Se nota que las enfermeras tienen mejor memoria que los profesionales –acotó la magistrada.

—Puede ser –se limitó a contestar el testigo.

Por otra parte, Ferrarotti dijo que su jefe en Terapia Intensiva era el imputado Zaccaría, quien manejaba la faz organizativa de ese servicio. Aseguró que no se acuerda quiénes eran los directores del nosocomio, mencionó los nombres de algunos compañeros de trabajo y de enfermeras.

Según indicó, cumplía guardia pasiva de 24 horas, es decir que iba sólo cuando había pacientes que requerían sus servicios. Le exhibieron un plano del hospital y ubicó la sala donde trabajaba y otras dependencias, con algo de dificultad.

Luego dijo no recordar que por algún asunto particular hayan acudido a terapia más de un médico, que eso no ocurría, salvo que se pidiera una interconsulta. Entonces lo interrogaron por la versión de las enfermeras según la cual gestionó el traslado de los bebés junto con el doctor Alfredo Berduc. “Imagino que sí, pero no recuerdo cuándo. Puede ser un pasaje de guardia, pero no juntos en una sola guardia. Se contaban las novedades de los pacientes”.

Además, negó haber visto nunca ningún registro donde figuren pacientes como NN. Tampoco recordó haber visto a Zaccaría en las circunstancias indicadas por los testigos, aunque dijo que el jefe de Terapia era el encargado de la inscripción de los pacientes .

Más adelante, Ferraroti admitió que sigue siendo médico del Hospital Militar, pero dijo no haberse enterado de los allanamientos que se hicieron allí en el marco de la investigación en los últimos años. Tampoco tuvo la inquietud de ir por su propia voluntad a revisar los archivos del nosocomio para corroborar si efectivamente estuvo en el momento de los hechos como relatan los testigos.